Las redes sociales hoy en día son como una puerta gigante llena
de oportunidades, pero también conlleva sus riesgos que muchas
veces no se ven a simple vista. Hay muchas cosas en Internet que
aunque parezcan inofensivas no son como realmente las pintan.
Por eso es normal que los padres se cuestionen cuánto deberían
involucrarse en lo que hacen sus hijos en Internet.
Personalmente, creo que es fundamental tener un balance en el
momento de supervisar sin invadir. Sí que estaría al tanto en ciertos
momentos, en especial cuando son pequeños y están aprendiendo.
Además, que el supervisar se convierta en espionaje podría generar
desconfianza. Al final, a quién le gustaría sentir que alguien
constantemente lo está vigilando. Pienso que es más útil enseñar a
reconocer el peligro y hablar para que puedan entender del por qué
deben cuidarse. Cuando hay confianza, los hijos mismos terminan
contando más de lo que les pasa, sin necesidad de revisarles todo.
Al final, acompañar y guiar funciona mucho mejor que controlar cada
movimiento.
También pienso que conocer a sus amistades, aunque sea un poco,
ayuda bastante a entender su entorno sin necesidad de meterse
demasiado. No se trata de prohibir ni de juzgar, sino de estar presente
de una forma natural. Porque al final, más que controlar, lo importante
es que aprendan a tomar buenas decisiones por sí mismos.
En resumen, sí estaría pendiente, pero sin llegar a espiar. Prefiero mil
veces construir confianza antes que perderla por querer controlar todo.
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