Si yo fuese a tener un hijo o hija lo primero que querría que fuesen es felices y buenas personas. Así que planteándome esta pregunta, se me hace muy difícil responder. Siendo buena persona, de alguna manera, estás viviendo para los demás, sin embargo, si eres feliz, estás viviendo por y para ti. Ser feliz y buena persona sería el equilibrio perfecto, pero cuando parece que hay que elegir entre uno u otro, surge la verdadera cuestión, ¿es más importante el bienestar propio o el impacto que dejamos en los demás?
Por un lado, el impacto que dejamos en las personas es importante porque influye en su vida y en cómo nos perciben, y ese efecto puede perdurar más tiempo del que nos imaginamos.
Por otro lado, la felicidad es lo que todo el mundo busca en su vida. Sin felicidad no hay razón por la que vivir. Ser feliz da bienestar, alegría y ganas de seguir adelante, mientras que no tenerla hace que todo se vea más gris y difícil de disfrutar. Siendo feliz se puede tener una vida plena. Siendo buena persona sin ser feliz no tanto.
En definitiva, ser buena persona trae todo tipo de cosas positivas, pero es mejor ser feliz. De esta manera la vida se vivirá con más sentido y ganas. La felicidad ayuda a vivir con más plenitud y a valorar el día a día. Al final, elegir ser feliz da un sentido más profundo a la propia vida.