domingo, 26 de abril de 2026

blog XIII

 Creo que no sabría responder a esta pregunta con total seguridad, ya que me parece algo muy complicado. El hecho de como padre tener que decidir entre la felicidad de probablemente la persona que más te importa en el mundo o la bondad y cómo trata con otras personas no es fácil.


Por un lado pienso que como madre se me haría muy duro ver que mi hijo no es feliz y sufre,  a pesar de que eso le hiciese ser una persona justa y empática. Ser una buena persona implica muchas cosas, y por supuesto a veces no es fácil. Pero también creo que lo contrario sería basar una felicidad plenamente en el egoísmo y realmente, como madre también se me haría duro saber que otras personas lo pasan mal por culpa de mi hijo.


Pienso que la pregunta es demasiado extrema, porque nadie es siempre feliz y nadie es siempre buena persona y me parece algo sano y normal. Pero bueno, supongo que si tuviese que imaginar y tomar una decisión, terminaría decidiendo que fuese buena persona. 


La alegría es algo que va y viene, y sí, sería horrible saber que mi hijo es infeliz, pero creo que los valores que tenemos cada uno son lo que nos define. No quiero que mi hijo sea una persona egoísta y que disfrute de ello. Quiero que pueda tener la conciencia tranquila y al menos tener algo tan importante como la bondad, que creo que es algo que hay que valorar más.


Blog XVIII

 Si tuviera que elegir entre que mi hijo fuese buena persona o feliz, sería una decisión difícil de tomar, pero elegiría que mi hijo fuese feliz. Al final, pensar en que viva toda su vida sin sentirse bien consigo mismo, sin disfrutar, sin encontrar momentos de paz o alegría… se me haría muy duro. Como madre, creo que lo que más te duele es imaginar a tu hijo sufriendo por dentro, aunque por fuera esté haciendo “lo correcto”.

Ser una buena persona es algo precioso, claro que sí. Pero si eso significa que siempre se pone en último lugar, que nunca se escucha, que vive con una sensación constante de vacío o de tristeza, no sé si realmente le estaría deseando una buena vida. Porque al final no solo importa lo que haces, sino cómo te sientes viviendo esa vida.

También pienso que la felicidad no tiene por qué convertir a alguien en alguien malo. Una persona que no es buena no quiere decir que sea mala, hay muchas tonalidades de grises. 

Así que sí, elegiría su felicidad. No porque no me importe que sea buena persona, sino porque me dolería demasiado verlo vivir una vida en la que él mismo no es feliz.

Blog XVIII

A veces cuando pienso en un futuro cómo madre no solo pienso en cómo

mi hij@ puede llegar a ser también pienso en qué tipo de persona podría

llegar a ser, a lo que me refiero es que es ahí donde aparecen preguntas

que no son nada fáciles de responder.


De las preguntas que me he replanteado es si preferiría que mi hij@ fuera

feliz o que fuera una buena persona, sin embargo eso significaría  no ser

feliz. Muchas veces hemos escuchado que lo más importante es ser una

buena persona, ser amable, siempre estar para los demás y dejarte a ti de 

lado. Pero lo único que consigues es desgaste emocional. Que acaba

provocando en cansancio, frustración o incluso una dependencia hacia

los demás. Así que, esta idea de ser bueno siempre y dar sin pensar en

si mismo puede llegar a agotarte o incluso sentirse vacío. Por eso creo

que esa idea de “ser bueno” llevada al extremo no es tan perfecta como

nos la pintan.


Por otro lado, ser feliz no significa ser egoísta ni pasar de todo el mundo.

 Para mí, ser feliz es estar tranquilo contigo mismo, no sentirte obligado a

dar más de lo que puedes y saber poner límites. Cuando alguien está bien

por dentro, es más fácil que trate bien a los demás sin forzarse. No lo hace

por quedar bien, sino porque realmente le sale así.


Personalmente, prefiero que mi hijo sea feliz, porque creo que desde ahí

también podrá ser una buena persona sin dejarse a sí mismo de lado.



Marcos Blog XVIII

De seguro escogería que mi hijo fuera feliz, si dependiera de mí. Felicidad, nada más, sería lo primero en su camino. Pienso así porque verlo cargando con exigencias ajenas me pesa demasiado. Que viva tranquilo importa mucho más que cumplir expectativas vacías. Disfrutar cada paso puede sonar sencillo, aunque no siempre es fácil. Lo importante aparece cuando algo dentro le dice: esto sí vale la pena. La plenitud no llega por seguir reglas estrictas, sino por sentirse bien consigo mismo.

Decidir por tu alegría no te convierte en egoísta; al contrario, es cuidarte por dentro. No busco un niño que diga "sí" siempre mientras guarda tristeza bajo la piel. Lo quiero capaz de abrazarse tal como es, con risas verdaderas. Porque cuando el alma respira tranquila, da sin vaciarse. La calma ajena nace mejor cuando uno ya no se pelea consigo mismo. Ofrecer desde la plenitud pesa menos que dar desde la obligación. Un corazón liviano ilumina más que uno roto fingiendo fortaleza. Así las cosas, vivir contento no resta valor; lo multiplica. El respeto a los demás arranca ahí: donde deja de dolerte existir. Nadie regala paz si primero no la encuentra en casa, y esa casa eres tú.

Mirar hacia atrás y notar que todo valió la pena, eso es lo que pesa más. La amabilidad cuenta; sin embargo, es la alegría la que empuja a levantarse cada mañana. Verlo caminar tranquilo, riendo sin prisa, sería suficiente para llenarme por dentro.

Blog XVIII

Si algún día tengo un hijo/a y me obligan a elegir entre que sea feliz o que sea una buena persona, elegiría que fuera una buena persona. No porque no me importe su felicidad, sino porque sé que la felicidad es algo frágil y que puede cambiar con facilidad.
La felicidad es algo que puede llegar a desaparecer con una pérdida o una decepción. En cambio, la bondad va más allá de ser algo pasajero, es algo que se construye dentro de uno mismo que nace de nuestros valores y acciones, y que no depende de las circunstancias externas. Ser bueno implica tener empatía, saber ponerse en el lugar del otro y hacer siempre lo correcto , incluso cuando duele. Y sí, sé que eso puede hacerlo sufrir algunas veces, pero también le dará paz saber que fue fiel a sí mismo. 

Ser feliz a costa de los demás no me parece una verdadera felicidad. No querría un hijo que sonriera mientras ignora el daño que causa, porque esa “felicidad” es vacía. Prefiero verlo dudar, equivocarse, caerse, pero levantarse con conciencia y compasión. Quiero que pueda mirarse al espejo y sentirse en paz con quien es. Además, la bondad deja huella. Las buenas personas cambian su entorno, inspiran a otros y crean vínculos auténticos. Y aunque no siempre les vaya bien, su paso por el mundo deja algo valioso. A veces creo que las personas buenas, con el tiempo, encuentran una forma de felicidad más profunda, no basada en la suerte ni en tenerlo todo, sino en vivir con sentido. Por eso, si tengo que elegir entre que sea buena persona o su felicidad me quedo con esto: con un hijo que sea bueno, aunque no siempre sea feliz. Porque al final, desearle que sea una buena persona es otra forma de asegurarme de que su vida tenga un valor real, más allá de los momentos de alegría o tristeza.


blog XVIII

 Seguramente la mayoría de las personas prefieren que sus hijos sean felices, y yo en parte también, porque quien no quiere que su hijo sea feliz. Pero si va a ser feliz siendo una mala persona, entonces no, prefiero que sea buena persona.

Desde mi punto de vista, ser una buena persona es mucho más gratificante. El hecho de poder ayudar a las personas sin la necesidad de que nadie te obligue, simplemente porque te apetece, es algo que una persona egoísta y que solo mira por sí mismo no va a sentir nunca. ¿Y por qué no lo va a sentir nunca? Porque para ser buena persona hay que tener buen corazón, poder empatizar, ser amable, cariñoso, educado, respetuoso… y todos esos valores, una persona egoísta no los tiene.


Aunque a veces, las personas se pueden aprovechar de ti, te ven como a una persona fácil a la que pisotear y manipular, y evidentemente eso no está bien. Por eso, ser buena persona no implica ser tonto, hay que saber poner unos limites y hacer saber que no siempre vas a hacer lo que otros te digan. También, algunas veces vas a hacer cosas por alguna persona que no te hagan expresamente feliz, pero lo haces por el simple hecho de que esa persona te importa y la quieres.


En definitiva, yo educaría a mis hijos para que sean buenas personas y tengan un buen corazón. Para que cuando vayan por la calle y vean a alguna persona con alguna dificultad, como una señora mayor con las compras, les nazca por sí solos ir a ayudar.


Blog XVII- Guille

 La felicidad ante todo


Si yo tuviera un hijo y pudiera elegir qué es lo mejor para él: ser buena persona o ser feliz, sin duda, optaría por esta segunda opción. Cierto es, el ideal, sería ser capaz de combinar estas dos alternativas, pero si se trata de priorizar para un padre la felicidad de sus hijos es lo primero.


Los motivos son claros, puesto que se puede ser muy buena persona y por tanto pensar si has conseguido educar, de la mejor manera posible, pero resulta que en su día a día, es infeliz y tiene frustraciones personales o profesionales, que le impiden disfrutar de lo bueno que la vida le ofrece, como progenitor me sentiré triste y poco motivado.


Ser buena persona, puede ayudar a vivir con la conciencia tranquila, pero esto no te asegura, la tan ansiada felicidad. 


No hay que olvidar que en muchas ocasiones, siendo excelente para con los demás, se te puede volver en contra. Cuanta más conciencia tengamos de estar pasándolo bien, más a gusto estaremos con nosotros mismos, y esto repercutirá positivamente en nuestro trato hacia los demás. En definitiva, ser feliz retroalimenta el buen comportamiento y en definitiva, lo que todos conocemos como ser buena persona