Con todos los avances y beneficios que Internet puede ofrecer, también es un lugar que puede ofrecer muchas ventajas, pero puede llegar a ser un lugar muy peligroso; por lo cual, en caso de tener hijos, me inclinaría por el seguimiento de su actividad en redes sociales, incluso por la revisión de sus cuentas, cuando fuera necesario. Esta no sería una falta de confianza, ni mucho menos, sino la situación en la que un adolescente todavía está aprendiendo a hacerlo.
Esto se puede entender mejor si pensamos en series como Adolescencia, que precisamente muestran situaciones muy cercanas a la actualidad: trata la violencia en relación con Internet, la cultura incel, la manosfera, la manipulación de las redes…, cómo algunos adolescentes pueden acabar en algunas dinámicas muy peligrosas y no ser vistos a tiempo. No es una historia muy concreta con personajes sino una historia en la que claramente hay problemas que existen y que pueden llegar hasta cualquier adolescente.
Por lo tanto, pienso que en ocasiones los padres no actúan en desconfianza, sino por miedo. Miedo a que hable con personas extrañas, miedo a las malas influencias, miedo a que no sepa la reacción en alguna situación concreta. Y es que, seamos realistas, a estas edades no siempre se tiene la madurez necesaria para detectar ciertos riesgos.
Eso no quiere decir ejercer el control con la mayor o menor explicación, creo que hay que dar las razones, creo que ha de haber un diálogo y normas claras, no sólo vigilancia desde la distancia.
En definitiva, en el fondo hay que buscar un equilibrio, pero si me preguntas cuál de las dos opciones prefiero, te diré que, si tengo que fallar, prefiero ser una persona prudente de la que enterarse demasiado tarde que algo va mal.