domingo, 3 de mayo de 2026

blog XIX

Estar a favor o en contra de la gestación subrogada considero que es un tema bastante controversial. Por un lado, entiendo que haya gente que apoye y que vea bien dejar su cuerpo para que personas que no puedan concebir un hijo puedan tenerlo sin la necesidad de adoptar. Lo que está claro es que es el cuerpo de esa mujer el que se va a utilizar, y si ella está dispuesta a hacerlo y da su consentimiento, no le veo gran problema a que se pueda hacer. Pero también entiendo que es un poco raro tener el bebé de otra pareja en tu tripa, niño al cual probablemente no vayas a volver a ver en tu vida, una vez que nazca.


A pesar de que no me posiciono en ninguno de las dos opiniones, no tengo ninguna duda en que yo nunca lo haría. No dejaría que mi cuerpo sufriera un proceso tan duro e incluso a veces peligroso por concebir a un hijo que no es mío. Creo que pasar nueve meses embarazada con todos los riesgos físicos y emocionales que esto conlleva, no equivaldría a la satisfacción que sentiría por haber ayudado a otra familia. Es cierto que posiblemente me sentiría bien por haber podido ayudar a una familia que por unas circunstancias u otras no son capaces de tener ese hijo propio sin la necesidad de adoptar. Pero creo que lo pasaría demasiado mal para que luego ese niño no fuese mío o no lo tuviese presente en mi vida.


En conclusión, como ya he dicho al principio, no estoy en contra de que la gente lo haga, que cada persona haga lo que quiera con su cuerpo mientras que no moleste a los demás, pero lo que tengo claro es que jamás dejaría mi cuerpo para concebir a un hijo que no es mío.


Blog XIX - Sofía Espinosa Latorre

Creo que esta es una de esas preguntas que no se pueden responder a la ligera, porque no solo estás hablando de ayudar a alguien, sino de algo muy profundo como es el embarazo, el vínculo y el significado de traer una vida al mundo.

A primera vista puede parecer un gesto bonito hacia una pareja estéril, incluso algo generoso. Si lo hablara con mis padres, seguramente me dirían que entienden la intención de ayudar a otros, que en teoría es algo bueno. Pero también me dirían que hay cosas que no deberían tratarse como un “servicio”, porque implican demasiado a nivel emocional y personal.

Y cuanto más lo pienso, más claro tengo que no lo apoyaría. No me parece algo neutral. Me cuesta ver la gestación subrogada como algo positivo, porque siento que separa demasiado el embarazo de lo que realmente significa. Para mí, no es solo “llevar un bebé durante nueve meses”, es todo lo que pasa alrededor: los cambios en el cuerpo, en la mente, en la vida diaria, y todo lo que se crea emocionalmente en ese tiempo.

Además, creo que muchas veces se simplifica demasiado lo que supone. No es solo ayudar y ya está. Son meses de cambios físicos constantes, cansancio, dolores, hormonas alteradas, renuncias en el día a día… y luego una separación del bebé que, aunque esté acordada desde el principio, me parece algo muy duro de vivir.

Mis padres probablemente me dirían que también hay que pensar en la persona que lo vive, no solo en la pareja que recibe al bebé. Y en mi caso, ese punto es clave. No creo que pudiera pasar por algo así sin que me afectara emocionalmente después, incluso aunque intentara prepararme mentalmente.

Por eso, siendo sincera, no estaría dispuesta a hacerlo. Pero no solo por una cuestión personal, sino también porque no lo apoyo como idea. Creo que hay límites en lo que debería implicar el cuerpo y la maternidad, y este es uno de ellos para mí.

Entiendo que haya personas que lo vean de otra manera y respeto sus decisiones, pero en mi caso la postura es bastante clara: no lo haría y no me parece una práctica positiva.

domingo, 26 de abril de 2026

blog XIII

 Creo que no sabría responder a esta pregunta con total seguridad, ya que me parece algo muy complicado. El hecho de como padre tener que decidir entre la felicidad de probablemente la persona que más te importa en el mundo o la bondad y cómo trata con otras personas no es fácil.


Por un lado pienso que como madre se me haría muy duro ver que mi hijo no es feliz y sufre,  a pesar de que eso le hiciese ser una persona justa y empática. Ser una buena persona implica muchas cosas, y por supuesto a veces no es fácil. Pero también creo que lo contrario sería basar una felicidad plenamente en el egoísmo y realmente, como madre también se me haría duro saber que otras personas lo pasan mal por culpa de mi hijo.


Pienso que la pregunta es demasiado extrema, porque nadie es siempre feliz y nadie es siempre buena persona y me parece algo sano y normal. Pero bueno, supongo que si tuviese que imaginar y tomar una decisión, terminaría decidiendo que fuese buena persona. 


La alegría es algo que va y viene, y sí, sería horrible saber que mi hijo es infeliz, pero creo que los valores que tenemos cada uno son lo que nos define. No quiero que mi hijo sea una persona egoísta y que disfrute de ello. Quiero que pueda tener la conciencia tranquila y al menos tener algo tan importante como la bondad, que creo que es algo que hay que valorar más.


Blog XVIII

 Si tuviera que elegir entre que mi hijo fuese buena persona o feliz, sería una decisión difícil de tomar, pero elegiría que mi hijo fuese feliz. Al final, pensar en que viva toda su vida sin sentirse bien consigo mismo, sin disfrutar, sin encontrar momentos de paz o alegría… se me haría muy duro. Como madre, creo que lo que más te duele es imaginar a tu hijo sufriendo por dentro, aunque por fuera esté haciendo “lo correcto”.

Ser una buena persona es algo precioso, claro que sí. Pero si eso significa que siempre se pone en último lugar, que nunca se escucha, que vive con una sensación constante de vacío o de tristeza, no sé si realmente le estaría deseando una buena vida. Porque al final no solo importa lo que haces, sino cómo te sientes viviendo esa vida.

También pienso que la felicidad no tiene por qué convertir a alguien en alguien malo. Una persona que no es buena no quiere decir que sea mala, hay muchas tonalidades de grises. 

Así que sí, elegiría su felicidad. No porque no me importe que sea buena persona, sino porque me dolería demasiado verlo vivir una vida en la que él mismo no es feliz.

Blog XVIII

A veces cuando pienso en un futuro cómo madre no solo pienso en cómo

mi hij@ puede llegar a ser también pienso en qué tipo de persona podría

llegar a ser, a lo que me refiero es que es ahí donde aparecen preguntas

que no son nada fáciles de responder.


De las preguntas que me he replanteado es si preferiría que mi hij@ fuera

feliz o que fuera una buena persona, sin embargo eso significaría  no ser

feliz. Muchas veces hemos escuchado que lo más importante es ser una

buena persona, ser amable, siempre estar para los demás y dejarte a ti de 

lado. Pero lo único que consigues es desgaste emocional. Que acaba

provocando en cansancio, frustración o incluso una dependencia hacia

los demás. Así que, esta idea de ser bueno siempre y dar sin pensar en

si mismo puede llegar a agotarte o incluso sentirse vacío. Por eso creo

que esa idea de “ser bueno” llevada al extremo no es tan perfecta como

nos la pintan.


Por otro lado, ser feliz no significa ser egoísta ni pasar de todo el mundo.

 Para mí, ser feliz es estar tranquilo contigo mismo, no sentirte obligado a

dar más de lo que puedes y saber poner límites. Cuando alguien está bien

por dentro, es más fácil que trate bien a los demás sin forzarse. No lo hace

por quedar bien, sino porque realmente le sale así.


Personalmente, prefiero que mi hijo sea feliz, porque creo que desde ahí

también podrá ser una buena persona sin dejarse a sí mismo de lado.



Marcos Blog XVIII

De seguro escogería que mi hijo fuera feliz, si dependiera de mí. Felicidad, nada más, sería lo primero en su camino. Pienso así porque verlo cargando con exigencias ajenas me pesa demasiado. Que viva tranquilo importa mucho más que cumplir expectativas vacías. Disfrutar cada paso puede sonar sencillo, aunque no siempre es fácil. Lo importante aparece cuando algo dentro le dice: esto sí vale la pena. La plenitud no llega por seguir reglas estrictas, sino por sentirse bien consigo mismo.

Decidir por tu alegría no te convierte en egoísta; al contrario, es cuidarte por dentro. No busco un niño que diga "sí" siempre mientras guarda tristeza bajo la piel. Lo quiero capaz de abrazarse tal como es, con risas verdaderas. Porque cuando el alma respira tranquila, da sin vaciarse. La calma ajena nace mejor cuando uno ya no se pelea consigo mismo. Ofrecer desde la plenitud pesa menos que dar desde la obligación. Un corazón liviano ilumina más que uno roto fingiendo fortaleza. Así las cosas, vivir contento no resta valor; lo multiplica. El respeto a los demás arranca ahí: donde deja de dolerte existir. Nadie regala paz si primero no la encuentra en casa, y esa casa eres tú.

Mirar hacia atrás y notar que todo valió la pena, eso es lo que pesa más. La amabilidad cuenta; sin embargo, es la alegría la que empuja a levantarse cada mañana. Verlo caminar tranquilo, riendo sin prisa, sería suficiente para llenarme por dentro.

 Al pensar en esta pregunta, mi primer instinto es responder que quiero que mi hijo sea feliz. Me parece que es algo normal porque como padre o madre lo que más deseas es que tu hijo esté bien y no esté sufriendo. Pero si tuviese que decidir entre que fuera feliz o que fuera buena persona, al final me quedaba con que fuera buena persona.


Para mí, ser buena persona es tener valores como respeto, empatía, honestidad y responsabilidad. Estos valores no solo facilitaban una mejor convivencia social, sino que me hacían sentir orgulloso de mi forma de< cómo era yo. No hay que negar que buena persona no es sinónimo de persona feliz. A veces es darnos cuenta de que tenemos que hacer sacrificios o poner a los demás por delante de nosotros, desencadenando momentos de tristeza o frustración. Sin embargo, creo que tener valores es más importante que ser feliz a cualquier costo.


Además, la felicidad puede ser ilusa. Se puede sentir contenta una persona a costa de ser egoísta, desconsiderada con los demás, etc. En cambio, el bueno hace lo correcto, aunque no sea lo más fácil. Prefiero que mi hijo sea una persona justa y que tenga conciencia de sus actos.