domingo, 15 de febrero de 2026

Blog XII

De las diferentes entradas que se sugieren en esta ocasión he elegido hacer el blog sobre la primera.

Desde hace tiempo los escritores de ciencia ficción han escrito libros y también se han rodado películas sobre este tema y siempre suelen acabar mal incluso cuando se concebía la creación de vida artificial como una utopía y la ciencia no  estaba tan cerca de lograrlo.

Es un hecho que se podrían crear seres humanos a nuestro antojo, quizá con capacidades especiales pero,¿es ético?. Yo creo que no. 

Estos avances tienen que ser utilizados en el ámbito principalmente de la medicina. Me parece alucinante que se puedan manipular embriones librando de determinadas enfermedades genéticas a los   niños en un futuro o que gracias a una alteración genética un hermano pueda salvar a otro donando médula porque son compatibles .

También la creación de órganos sanos que puedan salvar vidas transplantandolos en pacientes enfermos. Pero creo que hasta aquí debería llegar,  ya que los riesgos son importantes y podría tener consecuencias ecológicas impredecibles, incluyendo la competencia con especies naturales o la mutación. 

Para ello es muy importante regular este tema jurídicamente no dejando cabos sueltos y hacerlo de manera universal, es decir que haya unanimidad de criterios entre las naciones.

No podemos dejar que la soberbia del ser humano le anime a jugar a ser Dios y se escape de las manos de la ciencia unos avances que pueden ser muy beneficiosos o desastrosos si se llevan al extremo.

Blog XII

Hoy en día, usamos la IA para analizar distintos datos en pocos segundos y tomar decisiones más rápido que cualquier otra persona. Claro, esta máquina no se cansa y tampoco se distrae, entonces surge la pregunta, ¿deberíamos dejar que esta herramienta decida por nosotros para diferentes ámbitos como la justicia, la medicina o la educación?


En principio no, la IA puede examinar informes médicos en segundos, puede detectar patrones o ayudar a encontrar una enfermedad. 

Puede hacer trabajos del colegio y adaptarlos al nivel del alumno. 

Pude analizar casos judiciales para encontrar hechos que sean similares.

Ahora, esto parece casi “mejor” comparado a un humano, ya que, estudia aún más rápido los datos. Pero….me pregunto, ¿realmente es objetiva? no, porque la IA funciona con referencias ya creadas por personas, así que, no piensa por sí sola. Si esta información llega a tener errores, la IA muy probablemente los tendrá. 

Además, de poder calcular o medir probabilidades, falta la esencia humana porque no entiende el contexto humano. La IA no siente y no comprende las emociones. 

Por ello, en ámbitos como la justicia, la medicina y la educación son importantes.


En conclusión, en temas en los que se necesita la decisión de una persona y dejar que al final las tome una máquina puede ser riesgoso.


BLOG XII

 La verdad es que el tema de si una inteligencia artificial debería decidir por nosotros da bastante respeto. Por un lado, parece una buena idea porque las máquinas no se cansan, no tienen malos días y procesan la información a una velocidad que más nos gustaría a nosotros. En teoría, eso las hace más objetivas, lo que sería más eficiente en un hospital para no fallar en un diagnóstico o en un juicio para evitar favoritismos.

Pero si nos paramos a pensar, la cosa no es tan fácil. El gran problema es que estas inteligencias aprenden de nosotros, y nosotros cometemos errores. Si una máquina analiza casos judiciales antiguos que fueron injustos, lo más probable es que acabe aprendiendo de ellos y fallando en lo mismo. Al final, lo que parece una decisión objetiva es solo un reflejo de nuestros propios errores, pero multiplicados por mil. Además, hay algo que una máquina nunca va a tener y que es fundamental en profesiones como la medicina o la enseñanza: la humanidad.

Por ejemplo, un médico no solo te da una receta, también te escucha, te analiza y te entiende más que tú a ti mismo. Un profesor no solo te corrige un examen, sino que sabe cuándo necesitas un empujón porque estás pasando por una mala racha. Si dejamos que una máquina decida quién aprueba o quién recibe un tratamiento, estaríamos sustituyendo oficios que son completamente humanos. Las máquinas no entienden de sentimientos, simplemente sacan información de internet. Que sea verdadera o falsa ya es otra cosa.

La gran pregunta es dónde ponemos el freno a todo esto. Para mí, la clave es no ver a la IA como la que manda, sino más bien como un sitio al que asistir de vez en cuando. Está genial que nos eche una mano para encontrar datos más rápidamente o para que nos de información mayoritariamente fiable.

El límite para mí sería algo así: ninguna máquina debe poder decidir si alguien va a la cárcel, qué tratamiento médico recibe o qué futuro le espera a un estudiante sin que un humano revise si esa decisión es lógica y justa. Hay cosas que la IA no explica y que solo nosotros podemos entender.

Blog XII- Guillermo

 Responsabilidad de nuestras decisiones

Desde que llegó al mercado la primera versión de la IA, estas y otras incógnitas relativas al uso ético y apropiado, a la hora de manejar muchos datos confidenciales se han ido sucediendo en el tiempo. No hay una sola respuesta única y clara, sin embargo, debemos de buscar un equilibrio entre su uso eficaz y un respeto hacia los datos sensibles de las personas. 


La inteligencia artificial aporta muchísimo en términos de eficiencia: permite procesar información más rápido, estructurar mejor los datos y ofrecer respuestas ágiles. Esa capacidad es muy valiosa, sobre todo en ámbitos donde el volumen y la complejidad de la información pueden superar a una persona. Es por tanto, una herramienta muy apropiada para ciertas operaciones muy masivas y de carácter repetitivo.


Pero eso no significa que deba decidir por nosotros en ámbitos como la justicia, la medicina o la educación. Ahí es donde la intervención humana sigue siendo imprescindible. La experiencia, la intuición, la empatía, la capacidad de interpretar matices y, sobre todo, valores como la confianza o la cercanía son elementos que ninguna máquina puede replicar.


La IA puede ayudar, orientar, acelerar y mejorar procesos, pero la última palabra debe seguir siendo humana, porque las decisiones que afectan a personas requieren algo más que cálculo: requieren criterio, sensibilidad y responsabilidad.


En resumen: la IA es una herramienta potentísima para ganar eficiencia, pero lo humano sigue siendo lo que da valor, sentido y verdadera “inteligencia” a las decisiones.


Creo que los avances que va a permitir esta herramienta son inmensos pero nunca va a sustituir a la persona sino va a complementar.

Me parece algo muy similar cuando la digitalización comenzó y pensábamos que nos iba a reemplazar.

Con el tiempo hemos visto que la tecnología ayuda y nos hace más capaces y  más rápidos 

para aprovechar mejor el tiempo en tareas más habituales y que de verdad aportan valor.


Como conclusión, hay que apoyarse en lo positivo de la innovación, pero nunca perder de vista la relevancia de lo que es irremplazable: las personas


Blog XII - Erlantz

 A día de hoy, vivimos en un tiempo en donde la inteligencia artificial ya no es un proyecto futurista, sino que la tenemos presente y forma parte de nuestro día a día. 

Puede sernos muy útil ante cualquier problema o tarea que se nos plantee, pero debemos preguntarnos ¿Qué tipo de relación estamos construyendo con la IA?


La IA no tiene emociones, solamente hace parecer que las tiene. Simplemente se basa en unos patrones e intenta dar las mejores respuestas posibles. Esto nos hace saber que no tiene experiencia humana y que las respuestas siempre serán técnicas y sin matices sobre experiencias humanas. Nos responde como si nos conociera realmente a fondo y nos hace creer que tenemos nuevas necesidades. Yo diría que es como una especie de espejo tecnológico. 


Es una herramienta poderosa que no podemos destruir pero si cambiarla a nuestro gusto. Creo que la IA es una herramienta útil en el ámbito de la medicina. Gracias a esta, los tratamientos ante enfermedades se desarrollan más rápido. También puede servirnos a la hora de estudiar, pero debemos tener en cuenta que el uso excesivo de esta puede disminuir la capacidad del ser humano a la hora de ser crítico. El humano puede volverse dependiente de esta y perder habilidades creativas. 


Además, puede ser utilizada para crear “fake news” o bulos. Esto perjudica a la sociedad y es por eso que debemos adaptarnos a cualquier cambio que se nos plantee. Tenemos que intentar obtener más beneficios que riesgos y por eso debemos utilizar la IA con responsabilidad y con fines éticamente correctos.


Blog XII

 La inteligencia artificial ha avanzado en pasos gigantes y ya puede analizar situaciones con todos los datos y tomar decisiones más rápido que cualquiera de nosotros. Esto puede sonar muy buen ya que tiene menos errores, más eficiencia y resultados mucho más rapidos pero sin embargo, cuando hablamos de temas más sensibles como la justicia, la medicina o la educación, la cosa se complica. No todo lo que es rápido y lógico es lo correcto para la vida de las personas. La IA puede ayudarnos a buscar información sobre muchos tipos de temas, pero no siempre puede entender sobre la historia, los sentimientos o las circunstancias de cada persona.

En la justicia, por ejemplo, una IA puede predecir el riesgo de que el acusado pueda volver a cometer otro error, pero no puede comprender el por qué de sus hechos o cómo es su entorno. En la medicina, puede diagnosticar enfermedades basándose en su historial , pero no puede dar consuelo, escuchar al paciente ni entender cómo un paciente vive con su enfermedad o problema. Y en la educación, la IA puede personalizar los temas que enseñar, pero no reemplaza al humano que enseña valores, da esa creatividad o detecta los problemas con los estudios o en el colegio.

Por eso, el límite tiene que  estar claro, la IA puede ser una herramienta muy útil para ayudarnos, pero nunca un reemplazo total del humano. Nosotros debemos saber qué cosas podemos hacer con ella y cuáles necesitan a las personas. Usarla como apoyo o para ayuda sí que es seguro pero dejar que decida completamente por nosotros es peligroso. Hay que tener claro que la tecnología debe servirnos pero no reemplazarnos.


Blog XII - Erik Alcalde

Hoy en día, parece que la inteligencia artificial está en todas partes y que es capaz de hacerlo todo mejor que nosotros. Si una IA puede analizar miles de datos en segundos y tomar decisiones de forma objetiva, mucha gente piensa que lo más lógico sería dejar que decida en temas tan delicados como la justicia, la medicina o la educación. Sin embargo, aunque parezca una buena idea sobre el papel, creo que precisamente por esa supuesta "perfección" no deberíamos hacerlo. La objetividad total de la IA es, en realidad, un problema, porque en estos campos no sirve de nada aplicar reglas frías; hace falta ese toque humano que las máquinas no tienen.

Cuando las personas tomamos una decisión, no solo miramos las estadísticas. Tenemos en cuenta cosas que van mucho más allá de los datos: los sentimientos, los valores morales, nuestra propia experiencia o los detalles específicos de cada caso. Todo esto es lo que nos permite adaptarnos a situaciones que cambian de un momento a otro. Intentar que una máquina copie esa forma de razonar tan "nuestra" es, a día de hoy, casi imposible.

Incluso si algún día lográramos que una inteligencia artificial tuviera algo parecido a la subjetividad humana, dudo que fuera realmente útil. El mundo real es impredecible y las cosas no siempre salen como se planean. Para actuar bien en cada situación, hace falta entender el contexto a fondo y ser flexibles, una capacidad de adaptación que es puramente humana y que un algoritmo difícilmente podrá igualar.

Aunque una IA pueda llegar a ser muy precisa, nunca podrá decidir tan bien como una persona. Siempre habrá imprevistos o detalles humanos que se le escapen y que solo nosotros, con nuestra capacidad de razonar y empatizar, seremos capaces de interpretar y solucionar correctamente.