Sinceramente, yo no lo tengo que pensar ni un segundo. Elijo su felicidad. Porque de eso se trata la vida: de disfrutarla. A ojos de la clase, seré una egoísta. Pero es que, al final, todos somos “malas personas”, y no está mal serlo, no nos engañemos.
Yo quiero que mi hija se ponga SIEMPRE por delante, porque ella no ha nacido para complacer a los demás. Yo quiero que se priorice a ella y que no cambie por nadie ni por nada. Porque en el momento en que pierdes tu esencia por ser demasiado buena con los demás, te pierdes a ti misma.
Lo volveré a decir las veces que sean necesarias: yo quiero que mi hija sea feliz. Que encuentre la felicidad queriendo a los suyos, haciendo lo que más le gusta, viajando a los lugares más recónditos del planeta. Quiero que el día que muera y nos encontremos, me diga: “He sido feliz y ha valido la pena”.
Puede parecer que quiero que haga daño a alguien. Yo quiero que dé, pero que reciba. Quiero que reciba mucho, porque es lo que se merece. No quiero que llore por impotencia. Quiero enseñarla a poner límites desde el principio. No quiero que le pisen tanto como me lo hicieron a mí. Quiero que tenga poder y que lo sepa.
Pero eso no significa que quiera que sea una narcisista y una ególatra. Solo quiero que su prioridad no sea complacer a los demás, porque no debe. No voy a dejar que sea esa niña buena y perfecta, llena de traumas y violencia dentro por no saber decir basta a todos aquellos que quieran abusar de su bondad.
Aunque es cierto que no estaría mal que sufriese en la vida, porque el sufrimiento, en muchos casos, te hace fuerte y valiente. Una persona que nunca se cae, el día que lo haga se derrumbará y no sabrá cómo levantarse. Quiero que sea fuerte y que esa misma fortaleza sea, en un futuro, la que le haga feliz.
De todas maneras, me dirijo a ti, Aitor, para decirte que esta pregunta… es un tanto radical y extremista. La vida no es blanco y negro; la vida es una paleta de colores que nos enseña que cada día puedes tener una faceta diferente.
Yo, por lo menos, soy tantas cosas a la vez… Se podría decir que soy divergente. Soy todo, pero a la vez nada. Un día puedo hacer todo por todos, sentir un propósito y mucha empatía, y otro día ser una antisocial y una desmotivada de la vida. Creo que la vida es un conjunto de momentos diarios: malos y buenos, que nos hacen ser lo que somos.
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