Blog XVII
Si tuviera hijos, no les espiaría el móvil ni revisaría sus redes sociales porque creo que la confianza es la base de todo. Si me dedicara a cotillear sus chats a escondidas, solo conseguiría que aprendieran a esconderse mejor, a usar cuentas falsas o a borrarlo todo por miedo. Al final, el control no sirve para educar; solo convierte a los padres en policías y rompe la relación, haciendo que el hijo deje de confiar en su familia por sentirse vigilado.
Además, es imposible proteger a alguien de todos los peligros de Internet simplemente limitando el wifi o vigilando con quién hablan. Si no dejo que mis hijos aprendan a distinguir por sí mismos quién es una "amistad peligrosa", nunca sabrán manejarse en la vida real, donde no habrá nadie vigilándoles. Prefiero que aprendan a usar la cabeza y a tener criterio propio, porque estar encima de ellos todo el día no les hace más responsables, solo les hace más dependientes y menos preparados para el mundo.
En conclusión, prefiero mil veces el hablar con el chaval antes que espiarlo. Si mi hijo sabe que respeto su intimidad, el día que tenga un lío gordo en internet vendrá a pedírme ayuda a mí en lugar de callarse por miedo a que le quite el móvil. La verdadera seguridad no está en saber qué escriben en cada momento, sino en que se sientan lo suficientemente cómodos como para contarme sus problemas. Al final, la mejor protección es que sepan que pueden contar conmigo, no que tengan miedo de que les pille.
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