Si tuviera que elegir entre que mi hijo fuese buena persona o feliz, sería una decisión difícil de tomar, pero elegiría que mi hijo fuese feliz. Al final, pensar en que viva toda su vida sin sentirse bien consigo mismo, sin disfrutar, sin encontrar momentos de paz o alegría… se me haría muy duro. Como madre, creo que lo que más te duele es imaginar a tu hijo sufriendo por dentro, aunque por fuera esté haciendo “lo correcto”.
Ser una buena persona es algo precioso, claro que sí. Pero si eso significa que siempre se pone en último lugar, que nunca se escucha, que vive con una sensación constante de vacío o de tristeza, no sé si realmente le estaría deseando una buena vida. Porque al final no solo importa lo que haces, sino cómo te sientes viviendo esa vida.
También pienso que la felicidad no tiene por qué convertir a alguien en alguien malo. Una persona que no es buena no quiere decir que sea mala, hay muchas tonalidades de grises.
Así que sí, elegiría su felicidad. No porque no me importe que sea buena persona, sino porque me dolería demasiado verlo vivir una vida en la que él mismo no es feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario