A veces cuando pienso en un futuro cómo madre no solo pienso en cómo
mi hij@ puede llegar a ser también pienso en qué tipo de persona podría
llegar a ser, a lo que me refiero es que es ahí donde aparecen preguntas
que no son nada fáciles de responder.
De las preguntas que me he replanteado es si preferiría que mi hij@ fuera
feliz o que fuera una buena persona, sin embargo eso significaría no ser
feliz. Muchas veces hemos escuchado que lo más importante es ser una
buena persona, ser amable, siempre estar para los demás y dejarte a ti de
lado. Pero lo único que consigues es desgaste emocional. Que acaba
provocando en cansancio, frustración o incluso una dependencia hacia
los demás. Así que, esta idea de ser bueno siempre y dar sin pensar en
si mismo puede llegar a agotarte o incluso sentirse vacío. Por eso creo
que esa idea de “ser bueno” llevada al extremo no es tan perfecta como
nos la pintan.
Por otro lado, ser feliz no significa ser egoísta ni pasar de todo el mundo.
Para mí, ser feliz es estar tranquilo contigo mismo, no sentirte obligado a
dar más de lo que puedes y saber poner límites. Cuando alguien está bien
por dentro, es más fácil que trate bien a los demás sin forzarse. No lo hace
por quedar bien, sino porque realmente le sale así.
Personalmente, prefiero que mi hijo sea feliz, porque creo que desde ahí
también podrá ser una buena persona sin dejarse a sí mismo de lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario