sábado, 25 de abril de 2026

Blog XVIII Martin

 Prefiriendo siempre el camino más claro, imagino que optaría por un hijo con buen corazón antes que uno solo contento. Aunque suene raro, verlo feliz todo el tiempo no me convence tanto como saberlo honesto. Desde luego, cada papá o mamá sueña con proteger del dolor a sus hijos. Pero resulta que alegrías vienen y van sin avisar, cambian según el día, el clima, una conversación. Al final, sostener ciertos valores pesa más que atrapar emociones fugaces.

Pero actuar con decencia significa cargar a cuestas respeto, capacidad de ponerse en el lugar del otro o cumplir lo prometido: cualidades que rara vez fallan. Alguien así suele dejar huella sin buscar reconocimiento, hasta cuando todo se vuelve difícil. Aun sin reír cada día, halla calma al elegir bien, sobre todo si eso mejora la vida ajena.

A veces me pregunto si enfocarse únicamente en la alegría termina fomentando comportamientos centrados en uno mismo. En lugar de eso, veo mayor valor en criar personas firmes en sus convicciones, no solo ansiosas por sentirse bien. Claro, no resulta sencillo admitir que un hijo tal vez no alcance esa dicha constante; pesa. Sin embargo, elijo confiar en que será una persona sobre quien otros puedan apoyarse, capaz de marcar diferencia donde vive.

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