¿Estarías dispuesto a prestar tu vientre? Personalmente, pienso que es una decisión muy espinosa y a la que afecta mucho la situación de cada uno. Por una parte, me parece que sería un acto bondadoso poder ayudar a una pareja que quiere tener hijos y no puede; pero por otra parte, entregar el hijo a otras personas para siempre, cuesta, no sólo físicamente sino también emocionalmente.
Además, no se puede ignorar el vínculo que se crea durante el embarazo entre la madre gestante y el bebé. Durante nueve meses, no solo hay cambios físicos importantes, sino también una conexión emocional que puede hacer aún más difícil la separación tras el parto. Por esta razón, considero que antes de tomar una decisión así sería fundamental recibir apoyo psicológico y estar plenamente informada de todas las consecuencias que puede implicar a corto y largo plazo. Un tema importante es el debate ético que hay en torno a la gestación subrogada. Hay quien dice que puede ser una forma de explotación del cuerpo de la mujer, especialmente cuando existe una compensación económica a cambio de este servicio. Por lo tanto, creo que debería tener un estatus legal muy regulado para evitar abusos y garantizar el bienestar de ambas partes. Para concluir, aunque reconozca y respete a quienes decidan hacerlo, no creo que sería capaz, ya que pienso que sería una experiencia intensa tanto física como emocionalmente hablando. Pero debo decir que sin embargo reconozco que hay personas que, libres y conscientes, llegarían aesta decisión con objeto de ayudar a otros.martes, 5 de mayo de 2026
Blog XIX Patrik Arrieta
Cuando se nos plantea en clase si estaríamos dispuestos a ser "madres de alquiler", lo primero que pienso es que, como hombre, mi opinión puede parecer irrelevante o poco capacitada. Obviamente, yo nunca estaré en esa situación física, y me resulta difícil imaginar los procesos hormonales y psicológicos que conlleva un embarazo. Sin embargo, como futuro adulto y ciudadano, sí puedo reflexionar sobre la ética de este acto y sobre si todo en esta vida puede ser objeto de un contrato.
Desde mi punto de vista, y siendo muy sincero, me cuesta ver vender tu cuerpo como madre de alquiler como un simple "acto de generosidad". Aunque el objetivo sea ayudar a una pareja estéril a cumplir su sueño, me parece que existe un límite ético que no deberíamos cruzar: la mercantilización del cuerpo humano. Al final, se está alquilando un proceso biológico íntimo a cambio de dinero, y eso me genera muchas dudas sobre la dignidad de la mujer y del propio recién nacido.
Para tener otra perspectiva, hablé con mi madre y mi padre. Mi madre fue bastante tajante: me dijo que un embarazo no es como prestar un coche; que se crean vínculos que no se pueden borrar con una firma y que le parece peligroso que el cuerpo de las mujeres con menos recursos se convierta en una "fábrica" para gente con dinero. Mi padre, por su parte, también me confesó que le parece un tema muy complicado, porque aunque la intención sea buena, el método parece convertir a las personas en productos de consumo.
En conclusión, aunque reconozco que no puedo hablar desde la experiencia de ser mujer, mi postura tiende al "no". Creo que hay cosas que el dinero no debería poder comprar. La libertad de decidir sobre el propio cuerpo es fundamental, pero cuando entra en juego la necesidad económica o la presión del mercado, esa libertad se vuelve un poco falsa. Prefiero defender una sociedad donde las personas no tengan que recurrir a vender sus procesos biológicos para que otros cumplan sus deseos, por muy legítimos que sean.
domingo, 3 de mayo de 2026
blog XIX
Estar a favor o en contra de la gestación subrogada considero que es un tema bastante controversial. Por un lado, entiendo que haya gente que apoye y que vea bien dejar su cuerpo para que personas que no puedan concebir un hijo puedan tenerlo sin la necesidad de adoptar. Lo que está claro es que es el cuerpo de esa mujer el que se va a utilizar, y si ella está dispuesta a hacerlo y da su consentimiento, no le veo gran problema a que se pueda hacer. Pero también entiendo que es un poco raro tener el bebé de otra pareja en tu tripa, niño al cual probablemente no vayas a volver a ver en tu vida, una vez que nazca.
A pesar de que no me posiciono en ninguno de las dos opiniones, no tengo ninguna duda en que yo nunca lo haría. No dejaría que mi cuerpo sufriera un proceso tan duro e incluso a veces peligroso por concebir a un hijo que no es mío. Creo que pasar nueve meses embarazada con todos los riesgos físicos y emocionales que esto conlleva, no equivaldría a la satisfacción que sentiría por haber ayudado a otra familia. Es cierto que posiblemente me sentiría bien por haber podido ayudar a una familia que por unas circunstancias u otras no son capaces de tener ese hijo propio sin la necesidad de adoptar. Pero creo que lo pasaría demasiado mal para que luego ese niño no fuese mío o no lo tuviese presente en mi vida.
En conclusión, como ya he dicho al principio, no estoy en contra de que la gente lo haga, que cada persona haga lo que quiera con su cuerpo mientras que no moleste a los demás, pero lo que tengo claro es que jamás dejaría mi cuerpo para concebir a un hijo que no es mío.
Blog XIX - Sofía Espinosa Latorre
Creo que esta es una de esas preguntas que no se pueden responder a la ligera, porque no solo estás hablando de ayudar a alguien, sino de algo muy profundo como es el embarazo, el vínculo y el significado de traer una vida al mundo.
A primera vista puede parecer un gesto bonito hacia una pareja estéril, incluso algo generoso. Si lo hablara con mis padres, seguramente me dirían que entienden la intención de ayudar a otros, que en teoría es algo bueno. Pero también me dirían que hay cosas que no deberían tratarse como un “servicio”, porque implican demasiado a nivel emocional y personal.
Y cuanto más lo pienso, más claro tengo que no lo apoyaría. No me parece algo neutral. Me cuesta ver la gestación subrogada como algo positivo, porque siento que separa demasiado el embarazo de lo que realmente significa. Para mí, no es solo “llevar un bebé durante nueve meses”, es todo lo que pasa alrededor: los cambios en el cuerpo, en la mente, en la vida diaria, y todo lo que se crea emocionalmente en ese tiempo.
Además, creo que muchas veces se simplifica demasiado lo que supone. No es solo ayudar y ya está. Son meses de cambios físicos constantes, cansancio, dolores, hormonas alteradas, renuncias en el día a día… y luego una separación del bebé que, aunque esté acordada desde el principio, me parece algo muy duro de vivir.
Mis padres probablemente me dirían que también hay que pensar en la persona que lo vive, no solo en la pareja que recibe al bebé. Y en mi caso, ese punto es clave. No creo que pudiera pasar por algo así sin que me afectara emocionalmente después, incluso aunque intentara prepararme mentalmente.
Por eso, siendo sincera, no estaría dispuesta a hacerlo. Pero no solo por una cuestión personal, sino también porque no lo apoyo como idea. Creo que hay límites en lo que debería implicar el cuerpo y la maternidad, y este es uno de ellos para mí.
Entiendo que haya personas que lo vean de otra manera y respeto sus decisiones, pero en mi caso la postura es bastante clara: no lo haría y no me parece una práctica positiva.
domingo, 26 de abril de 2026
blog XIII
Creo que no sabría responder a esta pregunta con total seguridad, ya que me parece algo muy complicado. El hecho de como padre tener que decidir entre la felicidad de probablemente la persona que más te importa en el mundo o la bondad y cómo trata con otras personas no es fácil.
Por un lado pienso que como madre se me haría muy duro ver que mi hijo no es feliz y sufre, a pesar de que eso le hiciese ser una persona justa y empática. Ser una buena persona implica muchas cosas, y por supuesto a veces no es fácil. Pero también creo que lo contrario sería basar una felicidad plenamente en el egoísmo y realmente, como madre también se me haría duro saber que otras personas lo pasan mal por culpa de mi hijo.
Pienso que la pregunta es demasiado extrema, porque nadie es siempre feliz y nadie es siempre buena persona y me parece algo sano y normal. Pero bueno, supongo que si tuviese que imaginar y tomar una decisión, terminaría decidiendo que fuese buena persona.
La alegría es algo que va y viene, y sí, sería horrible saber que mi hijo es infeliz, pero creo que los valores que tenemos cada uno son lo que nos define. No quiero que mi hijo sea una persona egoísta y que disfrute de ello. Quiero que pueda tener la conciencia tranquila y al menos tener algo tan importante como la bondad, que creo que es algo que hay que valorar más.
Blog XVIII
Si tuviera que elegir entre que mi hijo fuese buena persona o feliz, sería una decisión difícil de tomar, pero elegiría que mi hijo fuese feliz. Al final, pensar en que viva toda su vida sin sentirse bien consigo mismo, sin disfrutar, sin encontrar momentos de paz o alegría… se me haría muy duro. Como madre, creo que lo que más te duele es imaginar a tu hijo sufriendo por dentro, aunque por fuera esté haciendo “lo correcto”.
Ser una buena persona es algo precioso, claro que sí. Pero si eso significa que siempre se pone en último lugar, que nunca se escucha, que vive con una sensación constante de vacío o de tristeza, no sé si realmente le estaría deseando una buena vida. Porque al final no solo importa lo que haces, sino cómo te sientes viviendo esa vida.
También pienso que la felicidad no tiene por qué convertir a alguien en alguien malo. Una persona que no es buena no quiere decir que sea mala, hay muchas tonalidades de grises.
Así que sí, elegiría su felicidad. No porque no me importe que sea buena persona, sino porque me dolería demasiado verlo vivir una vida en la que él mismo no es feliz.
Blog XVIII
A veces cuando pienso en un futuro cómo madre no solo pienso en cómo
mi hij@ puede llegar a ser también pienso en qué tipo de persona podría
llegar a ser, a lo que me refiero es que es ahí donde aparecen preguntas
que no son nada fáciles de responder.
De las preguntas que me he replanteado es si preferiría que mi hij@ fuera
feliz o que fuera una buena persona, sin embargo eso significaría no ser
feliz. Muchas veces hemos escuchado que lo más importante es ser una
buena persona, ser amable, siempre estar para los demás y dejarte a ti de
lado. Pero lo único que consigues es desgaste emocional. Que acaba
provocando en cansancio, frustración o incluso una dependencia hacia
los demás. Así que, esta idea de ser bueno siempre y dar sin pensar en
si mismo puede llegar a agotarte o incluso sentirse vacío. Por eso creo
que esa idea de “ser bueno” llevada al extremo no es tan perfecta como
nos la pintan.
Por otro lado, ser feliz no significa ser egoísta ni pasar de todo el mundo.
Para mí, ser feliz es estar tranquilo contigo mismo, no sentirte obligado a
dar más de lo que puedes y saber poner límites. Cuando alguien está bien
por dentro, es más fácil que trate bien a los demás sin forzarse. No lo hace
por quedar bien, sino porque realmente le sale así.
Personalmente, prefiero que mi hijo sea feliz, porque creo que desde ahí
también podrá ser una buena persona sin dejarse a sí mismo de lado.
Marcos Blog XVIII
De seguro escogería que mi hijo fuera feliz, si dependiera de mí. Felicidad, nada más, sería lo primero en su camino. Pienso así porque verlo cargando con exigencias ajenas me pesa demasiado. Que viva tranquilo importa mucho más que cumplir expectativas vacías. Disfrutar cada paso puede sonar sencillo, aunque no siempre es fácil. Lo importante aparece cuando algo dentro le dice: esto sí vale la pena. La plenitud no llega por seguir reglas estrictas, sino por sentirse bien consigo mismo.
Decidir por tu alegría no te convierte en egoísta; al contrario, es cuidarte por dentro. No busco un niño que diga "sí" siempre mientras guarda tristeza bajo la piel. Lo quiero capaz de abrazarse tal como es, con risas verdaderas. Porque cuando el alma respira tranquila, da sin vaciarse. La calma ajena nace mejor cuando uno ya no se pelea consigo mismo. Ofrecer desde la plenitud pesa menos que dar desde la obligación. Un corazón liviano ilumina más que uno roto fingiendo fortaleza. Así las cosas, vivir contento no resta valor; lo multiplica. El respeto a los demás arranca ahí: donde deja de dolerte existir. Nadie regala paz si primero no la encuentra en casa, y esa casa eres tú.
Mirar hacia atrás y notar que todo valió la pena, eso es lo que pesa más. La amabilidad cuenta; sin embargo, es la alegría la que empuja a levantarse cada mañana. Verlo caminar tranquilo, riendo sin prisa, sería suficiente para llenarme por dentro.
Al pensar en esta pregunta, mi primer instinto es responder que quiero que mi hijo sea feliz. Me parece que es algo normal porque como padre o madre lo que más deseas es que tu hijo esté bien y no esté sufriendo. Pero si tuviese que decidir entre que fuera feliz o que fuera buena persona, al final me quedaba con que fuera buena persona.
Para mí, ser buena persona es tener valores como respeto, empatía, honestidad y responsabilidad. Estos valores no solo facilitaban una mejor convivencia social, sino que me hacían sentir orgulloso de mi forma de< cómo era yo. No hay que negar que buena persona no es sinónimo de persona feliz. A veces es darnos cuenta de que tenemos que hacer sacrificios o poner a los demás por delante de nosotros, desencadenando momentos de tristeza o frustración. Sin embargo, creo que tener valores es más importante que ser feliz a cualquier costo.
Además, la felicidad puede ser ilusa. Se puede sentir contenta una persona a costa de ser egoísta, desconsiderada con los demás, etc. En cambio, el bueno hace lo correcto, aunque no sea lo más fácil. Prefiero que mi hijo sea una persona justa y que tenga conciencia de sus actos.
Blog XVIII
La felicidad es algo que puede llegar a desaparecer con una pérdida o una decepción. En cambio, la bondad va más allá de ser algo pasajero, es algo que se construye dentro de uno mismo que nace de nuestros valores y acciones, y que no depende de las circunstancias externas. Ser bueno implica tener empatía, saber ponerse en el lugar del otro y hacer siempre lo correcto , incluso cuando duele. Y sí, sé que eso puede hacerlo sufrir algunas veces, pero también le dará paz saber que fue fiel a sí mismo.
Ser feliz a costa de los demás no me parece una verdadera felicidad. No querría un hijo que sonriera mientras ignora el daño que causa, porque esa “felicidad” es vacía. Prefiero verlo dudar, equivocarse, caerse, pero levantarse con conciencia y compasión. Quiero que pueda mirarse al espejo y sentirse en paz con quien es. Además, la bondad deja huella. Las buenas personas cambian su entorno, inspiran a otros y crean vínculos auténticos. Y aunque no siempre les vaya bien, su paso por el mundo deja algo valioso. A veces creo que las personas buenas, con el tiempo, encuentran una forma de felicidad más profunda, no basada en la suerte ni en tenerlo todo, sino en vivir con sentido. Por eso, si tengo que elegir entre que sea buena persona o su felicidad me quedo con esto: con un hijo que sea bueno, aunque no siempre sea feliz. Porque al final, desearle que sea una buena persona es otra forma de asegurarme de que su vida tenga un valor real, más allá de los momentos de alegría o tristeza.
Blog XVIII - Sofía Espinosa Latorre
Sinceramente, me parece una pregunta bastante difícil porque te obliga a elegir entre dos cosas que, como padre o madre, querrías siempre juntas. Nadie quiere ver a su hij@ infeliz, pero tampoco quieres que crezca siendo alguien que hace daño a los demás. Si lo pienso de forma más emocional, creo que lo primero que me saldría sería elegir su felicidad. Al final, ver a tu hij@ sufrir tiene que ser de las peores cosas que existen. Estoy bastante segura de que si preguntara a mis padres, me dirían algo parecido, que la felicidad de un hijo pesa muchísimo. Por tanto, cuanto más lo analizo, más me percato de que esa felicidad puede ser fácilmente engañosa: decir que una persona puede ser feliz a costa de los demás siendo egoísta, aprovechándose de las personas o simplemente sin tener en cuenta el daño que irremediablemente causa. Y la verdad, eso es algo que no me gustaría en absoluto. Me parece que, como madre que sería, tendría una obligación con respecto a los demás, ya que no sólo estoy criando a un niño o niña, sino que también lo estoy criando como a un ser que va a convivir en la sociedad. El saber que es feliz porque actúa mal o sin valores, me haría sentir incómoda, incluso hasta sentirme en parte culpable. Por eso, aunque me costase muchísimo, creo que me inclinaría por que fuese una buena persona. Porque al final esa felicidad que viene de hacer las cosas mal no me parece una felicidad que merezca la pena. Prefiero que tenga valores, empatía y respeto hacia los demás, aunque eso a veces le complique la vida o le haga sufrir más. No es una elección fácil, pero creo que elegiría la bondad, porque es lo que realmente define a una persona.
blog XVIII
Seguramente la mayoría de las personas prefieren que sus hijos sean felices, y yo en parte también, porque quien no quiere que su hijo sea feliz. Pero si va a ser feliz siendo una mala persona, entonces no, prefiero que sea buena persona.
Desde mi punto de vista, ser una buena persona es mucho más gratificante. El hecho de poder ayudar a las personas sin la necesidad de que nadie te obligue, simplemente porque te apetece, es algo que una persona egoísta y que solo mira por sí mismo no va a sentir nunca. ¿Y por qué no lo va a sentir nunca? Porque para ser buena persona hay que tener buen corazón, poder empatizar, ser amable, cariñoso, educado, respetuoso… y todos esos valores, una persona egoísta no los tiene.
Aunque a veces, las personas se pueden aprovechar de ti, te ven como a una persona fácil a la que pisotear y manipular, y evidentemente eso no está bien. Por eso, ser buena persona no implica ser tonto, hay que saber poner unos limites y hacer saber que no siempre vas a hacer lo que otros te digan. También, algunas veces vas a hacer cosas por alguna persona que no te hagan expresamente feliz, pero lo haces por el simple hecho de que esa persona te importa y la quieres.
En definitiva, yo educaría a mis hijos para que sean buenas personas y tengan un buen corazón. Para que cuando vayan por la calle y vean a alguna persona con alguna dificultad, como una señora mayor con las compras, les nazca por sí solos ir a ayudar.
Blog XVII- Guille
La felicidad ante todo
Si yo tuviera un hijo y pudiera elegir qué es lo mejor para él: ser buena persona o ser feliz, sin duda, optaría por esta segunda opción. Cierto es, el ideal, sería ser capaz de combinar estas dos alternativas, pero si se trata de priorizar para un padre la felicidad de sus hijos es lo primero.
Los motivos son claros, puesto que se puede ser muy buena persona y por tanto pensar si has conseguido educar, de la mejor manera posible, pero resulta que en su día a día, es infeliz y tiene frustraciones personales o profesionales, que le impiden disfrutar de lo bueno que la vida le ofrece, como progenitor me sentiré triste y poco motivado.
Ser buena persona, puede ayudar a vivir con la conciencia tranquila, pero esto no te asegura, la tan ansiada felicidad.
No hay que olvidar que en muchas ocasiones, siendo excelente para con los demás, se te puede volver en contra. Cuanta más conciencia tengamos de estar pasándolo bien, más a gusto estaremos con nosotros mismos, y esto repercutirá positivamente en nuestro trato hacia los demás. En definitiva, ser feliz retroalimenta el buen comportamiento y en definitiva, lo que todos conocemos como ser buena persona
Blog XVII
Sinceramente, yo no lo tengo que pensar ni un segundo. Elijo su felicidad. Porque de eso se trata la vida: de disfrutarla. A ojos de la clase, seré una egoísta. Pero es que, al final, todos somos “malas personas”, y no está mal serlo, no nos engañemos.
Yo quiero que mi hija se ponga SIEMPRE por delante, porque ella no ha nacido para complacer a los demás. Yo quiero que se priorice a ella y que no cambie por nadie ni por nada. Porque en el momento en que pierdes tu esencia por ser demasiado buena con los demás, te pierdes a ti misma.
Lo volveré a decir las veces que sean necesarias: yo quiero que mi hija sea feliz. Que encuentre la felicidad queriendo a los suyos, haciendo lo que más le gusta, viajando a los lugares más recónditos del planeta. Quiero que el día que muera y nos encontremos, me diga: “He sido feliz y ha valido la pena”.
Puede parecer que quiero que haga daño a alguien. Yo quiero que dé, pero que reciba. Quiero que reciba mucho, porque es lo que se merece. No quiero que llore por impotencia. Quiero enseñarla a poner límites desde el principio. No quiero que le pisen tanto como me lo hicieron a mí. Quiero que tenga poder y que lo sepa.
Pero eso no significa que quiera que sea una narcisista y una ególatra. Solo quiero que su prioridad no sea complacer a los demás, porque no debe. No voy a dejar que sea esa niña buena y perfecta, llena de traumas y violencia dentro por no saber decir basta a todos aquellos que quieran abusar de su bondad.
Aunque es cierto que no estaría mal que sufriese en la vida, porque el sufrimiento, en muchos casos, te hace fuerte y valiente. Una persona que nunca se cae, el día que lo haga se derrumbará y no sabrá cómo levantarse. Quiero que sea fuerte y que esa misma fortaleza sea, en un futuro, la que le haga feliz.
De todas maneras, me dirijo a ti, Aitor, para decirte que esta pregunta… es un tanto radical y extremista. La vida no es blanco y negro; la vida es una paleta de colores que nos enseña que cada día puedes tener una faceta diferente.
Yo, por lo menos, soy tantas cosas a la vez… Se podría decir que soy divergente. Soy todo, pero a la vez nada. Un día puedo hacer todo por todos, sentir un propósito y mucha empatía, y otro día ser una antisocial y una desmotivada de la vida. Creo que la vida es un conjunto de momentos diarios: malos y buenos, que nos hacen ser lo que somos.
XVIII
Cuando piensas en ser padre o madre, no todo es bonito, también surgen preguntas como esta: Si tuvieras que decidir de verdad, ¿preferirías que tu hijo fuera feliz o buena persona? Al no poder elegir las dos, lo hace complicado, por qué todos somos conscientes de que queremos que nuestros hijos sean felices, que no sufran y disfruten de la vida, pero al mismo tiempo queremos que tengan unos valores, que respeten a los demás y que hagan cosas buenas, y es donde te das cuenta de que no es tan fácil de escoger.
Al hablarlo con tus padres muchas veces sorprende su respuesta, porque muchas de ellas y ellos dicen que prefieren que sea una buena persona aunque no sea feliz, ya que piensan que lo importante es cómo tratas a los demás, la empatía y el respeto, y que ser buena persona a veces significa tener que hacer sacrificios, tomar decisiones complicadas o vivir momentos duros, y aun así piensan que es lo que realmente cuenta en esta vida.
Pensándolo bien creo que yo escogería que fuera feliz antes que una buena persona, ya que la felicidad en uno mismo para mí es lo más importante, los valores te definen, te hacen quién eres y como impactas en los demás, pero ser feliz es algo necesario en la vida para poder vivir tranquilo.
Blog XVIII-Aiala
Prefiero que mi hija sea una buena persona aunnque eso no signifique que siempre vaya a ser feliz. La felicidad es algo que todos queremos, pero también es algo que cambia mucho. Hay momentos en los que te sientes bien y otros en los que no tanto, muchas veces depende de cosas que no podemos controlar. En cambio, ser una buena persona es algo mas estable, porque tiene que ver con los valores que tiene como respetar a los demas, ser empática…
Además, creo que una buena persona marca a la gente y les puede hacer felices. Puede hacer que otras personas se sientan mejor y eso es me parece muy importante. A veces, ser una buena persona implica hacer sacrificios como ayudar a alguien aunque no te beneficie o decir cosas que no piensas para que la gebte no esté triste y eso no siempre te hace feliz en el momento, pero demuestra quién eres realmente.
También le pregunté a mi ama y me dijo que preferiría que yo sea alguien con valores, alguien de la que sentirse orgullosa, más allá de mi felicidad, porque al final, la felicidad no es para siempre pero la forma de ser si. Por eso prefiero que si me dan la opción de elegir, elegiria que mi hijo o hija fuera una buena persona aunque eso signifique que no sea siempre feliz.
Blog XVIII - Erlantz
El dilema de esta semana lo considero como uno de los temas más personales y más complejos. Escoger entre si quiero que mi hijo sea una buena persona o feliz es complicado.
El problema es que a veces relacionamos ser buenas personas con el sacrificio de una persona y ser felices con ser egoístas. Estamos equivocados cuando nuestro punto de vista está en que para ser buenas personas no nos podemos poner límites y tenemos que evitar ciertos sentimientos.
Debemos tener empatía, y debemos intentar entender cómo se siente la otra persona pero sin ignorar nuestros propios sentimientos y problemas. A veces, ese punto de “egoísmo” es conveniente.
Además, siendo buenas personas las consecuencias serán buenas. Tan buenas que estoy más que seguro que a largo plazo la felicidad llegará.
Por otro lado, debemos tener en cuenta que los seres humanos somos morales. Es decir, tenemos una propia conciencia que nos ayuda a tomar decisiones sin influenciarnos. El problema viene cuando somos influenciados o simplemente nos sentimos como tal. Las decisiones no serán decisiones morales. Puede parecer que con esta reflexión me haya salido del tema, pero es importante saber que para tomar decisiones importantes como esta, debemos ser libres.
Finalmente y libremente, mi decisión es que me gustaría que mi hijo fuese buena persona.
Blog XVIII - Javi Goñi
Blog XVIII
sábado, 25 de abril de 2026
Jon Cid Blog XVIII
Para afrontar la entrada de esta semana, creo que debo encerrar en un armario bajo llave la moral y la ética, pues el amor de un padre hacia su hijo trasciende todo tipo de lógica, es algo mucho más poderoso y se impone por encima del criterio y la cordura.
Mi respuesta es clara: sí, pondría por delante la felicidad de mi hijo. Antes de pararnos a pensar en todo lo que supone afirmar esto, dejemos claro que nosotros, los humanos, somos por encima de todo seres egoístas, movidos por el interés y la búsqueda de nuestro beneficio, así como el de nuestros allegados. Tomar esta decisión supondría abrir la puerta a que mi hijo pudiese cometer desde pequeñas travesuras hasta verdaderas atrocidades, lo sé. Pero pocas cosas más dolorosas hay en esta vida para un padre que ver a su hijo perdido, insatisfecho con el rumbo que ha tomado su vida, arrepentido de haber escogido aquella carrera en la universidad, de haberse casado con la arpía que tiene por mujer, de haberse distanciado de sus padres por una simple discusión...
Ese vacío en el corazón de un padre es inconsolable, un abismo por el cual se precipita sin remedio. Y quizá ese padre desearía que su hijo hiciese las maletas y abandonase a su mujer de un día para otro, sin previo aviso, aunque pudiese sumirla en una profunda depresión. Quizá desearía que su hijo dejase ese trabajo que tanto detesta y le angustia, aunque significase quedarse en el paro. Sí, quizá ese padre desearía que su hijo mandase todo a la mierda y empezase de cero, aunque fuese un acto infantil, carente de lógica. Porque a ojos de ese padre, ver a su hijo sonreír de nuevo lo justificaría todo.
Por supuesto que hacer eso resultaría tremendamente injusto para muchas personas, pero al ser humano, como buen egoísta que es, poco le importa.
Blog XVIII - Pablo De Arroita
Creo que para empezar es una decisión muy complicada, porque en la vida ser una buena persona y ser feliz suelen ir juntos. Pero si tuviera que elegir, me quedaría con ser una buena persona, aunque no sea feliz.
Que sientas felicidad en unos momentos u otros varía de las circunstancias; sin embargo, ser una buena persona, alguien honesto, empático y justo, estoy seguro de que tiene un mayor impacto positivo en tu vida e incluso en la de las personas que te rodean.
Además, si alguien es feliz pero no tiene valores puede ser que lo sea pero desde la ignorancia. Alguien puede ser feliz haciendo daño a otros o ignorando las consecuencias de sus actos. En cambio, una buena persona, aunque no siempre sea feliz, tendrá unos valores que le servirán para toda la vida. Sabrá que actúa correctamente, que respeta a los demás y que aporta algo positivo; algo con lo que probablemente se sienta realizado.
Es cierto que ser una buena persona puede implicar sacrificios, frustraciones o momentos difíciles en los que seas tú el que tiene que ceder y esforzarse más que los demás. Pero estoy muy seguro de que esos mismos valores pueden hacerte sentirte en paz contigo mismo y darle un verdadero sentido a tu vida, aunque probablemente no sea inmediata.
En conclusión, si lo pensara como padre, preferiría saber que mi hijo o hija es alguien en quien los demás pueden confiar y alguien que hace el bien incluso cuando es complicado. Al final, eso define quién eres mucho más que cómo te sientes en cada momento.
Blog XIII (Ane Ibarreche)
Si tuviera que elegir entre que mi hija/hijo sea feliz o que sea una buena persona pero infeliz, rápidamente diría que sea una buena persona aunque a veces este triste. Puede parecer una decisión difícil, porque como padres queremos que nuestros hijos sean felices en todo momento. Sin embargo, la felicidad es algo cambiante, el estar triste puede ser momentáneo, un simple etapa, pero ser buena o mala persona, no.
Ser una buena persona, en cambio, implica valores como, el respeto, la empatía, la honestidad y la responsabilidad. Estas cualidades son las que los padres tienen que sembrar día a día en sus hijos, es algo que nadie más les puede enseñar. Por ello, considero que el día de mañana me digan que mi hija es educada y buena persona es uno de los mejores halagos que me pueden dar, porque eso significa que he hecho bien mi trabajo como madre.
He hablado con mi aita y ama sobre esto, y coinciden en que la felicidad puede ir y venir, pero los valores son lo que realmente importante en una persona. Ellos creen que, un padre no solo esta para acompañar a su hijo y verle feliz, sino que también está para darle ciertos valores.
Prefiero que mi hija/hijo sea conocido/conocida como una buena persona, a que lo conozcan como una mala persona y antipática, pero que está feliz. Como ya he dicho la feliz es momentánea mientras que la educación es algo que se trabaja y se enseña.
Blog XVIII-Mikel Mendizabal
Ante esta decisión, elegir entre la felicidad de un hijo o que sea una buena persona me resultaría increíblemente difícil elegir la menos mala. Sin embargo, si tuviera que tomar una decisión clara, optaría por que fuera una buena persona, incluso si eso significara que no siempre fuera feliz. La razón principal es que la bondad y la empatía tienen un impacto que afecta directamente a todo su alrededor, lo que conseguirá fortalecer las relaciones con la gente cercana.
La felicidad, es una sensación de bienestar clave. No obstante, es un estado como muchos otros, que va alternando y no tiene una presencia constante. Puede depender de circunstancias externas, de logros momentáneos o de deseos que no son siquiera reales. En cambio, ser una buena persona implica actuar con responsabilidad, respeto y empatía incluso en situaciones difíciles. Supone tomar decisiones correctas aunque no sean las más cómodas o placenteras.
Además, creo que una persona buena, aunque no sea plenamente feliz en todo momento, puede experimentar una forma más profunda de satisfacción: la de saber que actúa de acuerdo con sus principios. Esa coherencia interna puede no traducirse en alegría constante, pero sí en una vida con sentido. Por el contrario, alguien que prioriza su propia felicidad por encima de todo podría caer en el egoísmo o en la indiferencia hacia los demás.
Si preguntara a mis aitas y amas, probablemente coincidirían en que lo más importante es formar personas íntegras. Ellos han vivido lo suficiente como para entender que la felicidad viene y va, pero el carácter y los valores permanecen. En ese sentido, preferirían ver a su nieto o nieta actuar con bondad y responsabilidad, aunque eso implicara atravesar momentos difíciles.
En definitiva, elegiría que mi hijo o hija fuera una buena persona, porque esa elección trasciende lo individual y deja una huella positiva en el mundo.
Blog XVIII
Cuando he leído la pregunta me he acordado del final de una película que ví hace dos semanas; "Salvad al soldado Ryan".
El capitán a punto de morir al ser herido en el pueblo que defienden de los alemanes, le dice a Ryan que haga que su vida merezca la pena y cuando Ryan le visita en el cementerio muchos años después, se acuerda, y le pregunta a su mujer si ha sido una buena persona, a lo que ella responde que sí.
Alguien como el soldado Ryan no ha podido ser feliz en todos los momentos de su vida, ( ha vivido una guerra y sus tres hermanos han muerto) pero ha sido una buena persona intentando hacer lo mejor por la gente que le rodea.
Obviamente todos quisiéramos que nuestros hijos sean felices, pero si eso significa estar por encima de todo no. En la vida de las personas es imposible no vivir momentos duros, es ley de vida.
Simplemente hay que tomar conciencia de que la vida al fin y al cabo no es infinita y de que muchas de las personas que nos rodean nos van a dejar en algún momento, y eso es obvio que nos va a causar dolor y tristeza.
Les he preguntado a mis padres y han opinado lo mismo: Ser buena persona me parece que es lo mejor que se ke puede pedir a un hijo, muy por encima de cualquier otro éxito ya sea por ejemplo laboral ó económico.
Blog XVIII
Si un día llego a ser padre, creo que una de las preguntas más complicadas que me podría hacer es: ¿preferiría que mi hij@ sea feliz o que sea un buen@ persona? Aunque pueda sonar egoísta para alguna gente, yo optaría por que fuera feliz.
La razón principal es que la felicidad es lo que da sentido a la vida. Al final, todos y todas deseamos sentirnos bien con todos y todas, quizás disfrutar de lo que hacemos y vivir disfrutando de una paz interior. Si mi hij@ no es feliz, por mucho que sea una "buena persona", me costaría aceptar que vive una vida donde no se siente plenamente pleno o plena, o satisfecho o satisfecha.
Es cierto que ser una buena persona es muy importante. Vivimos en sociedad y necesitamos valores como el respeto, la empatía o la solidaridad. No obstante, también pienso que muchas veces una persona feliz tiende de forma natural a tratar bien a los demás y a las demás, es decir, a ser buena persona. Cuando alguien está bien con sí mismo, suele transmitir cosas buenas a su alrededor.
Por otro lado, hablando con mi aita y mi ama, ellos tienen una lectura un poco diferente: me dicen que ser buena persona tiene que ser lo primero porque eso define quién eres realmente, incluso en los momentos difíciles. Y según ellos, la felicidad puede ser y puede parecerse a una hoja de papel, que se puede arrugar, pero ser buena persona es algo que queda allí.
Íñigo Lekaroz blog XVIII (ser buena persona o feliz)
Las posibilidades de futuro que tengo en mente sobre ser padre, me llevan a esta pregunta tan difícil de responder. Yo, en la situación de tener que decidir entre el hecho que mi hijo fuera feliz o que fuera buena persona en serio, elegiría que fuera buena persona, ya que, a la larga, la felicidad no es algo que dependa del individuo ni es algo que dure para siempre.
Una buena persona significa tener unos valores que sí pueden ser aprendidos a lo largo de la vida como pueden ser el respeto, la empatía, la justicia; yo, deseo y espero que mi hijo actúe como corresponda y ayude sin esperar nada a cambio. Es verdad que eso puede hacer que en el momento no fuera feliz o que tuviera que afrontar situaciones difíciles, pero pienso que hacer lo correcto no tiene que ir de la mano con lo más simple o lo más cómodo en ese momento. Además, también creo que ser buena persona transciende en la huella que se deja en otros, puesto que el hacer el bien puede tener un impacto positivo en el mundo que sobrepasa la felicidad propia. Hablando un poco con mis padres, ellos también se decantan por que la bondad y el ser buena persona es un valor fundamental en el ser humano. También creen que una persona con principios sólidos puede encontrar sentido en su vida aunque no siempre sea feliz, esa sensación de estar haciendo lo correcto puede dar una satisfacción más profunda. No se trata de vivir sin alegría, sino de priorizar lo que uno aporta a los demás, porque una vida con valores puede ser más significativa que una vida basada solo en la felicidad. Por eso, aunque sea una elección complicada y no perfecta, elegiría que mi hijo fuera una buena persona, ya que creo que, al final, lo que hacemos por los demás es lo que realmente define quién somos.Nerea - Blog XVIII
Cuando leí la entrada del blog, no tenía del todo claro por cuál me iba a decantar. Decidí preguntarle a mi madre, ya que al tener dos hijos igual tenía más clara su respuesta. Me dijo que no era fácil, pero que a la hora de soplar las velas, su deseo siempre era el mismo: que sus hijos sean felices. Eso me ha hecho entender que la felicidad es de las cosas más importantes de la vida.
De todos modos, yo creo que el ser feliz tiene algo de vínculo con ser buena persona. Una persona feliz, tiene más autoestima, mejor salud mental y disfruta más de su día a día. Cuando alguien está en paz, tiende a ser más empático y comprensivo. Lo digo por experiencia propia. En mi caso, cuando estaba más decaída, no tenía apenas ganas de simpatizar con otras personas y estar disponible siempre para ellos.
Además, creo que el concepto de "buena persona" puede llevar a que cuides tanto a los demás, hasta el punto en el que te dejas de priorizar. Yo creo que todos alguna vez hemos tenido el pensamiento de "ojalá me tratasen a mi igual que como los trato yo a ellos". Este es un claro ejemplo de que muchas veces recibimos menos de lo que damos, por el simple hecho de priorizar la felicidad de los demás, haciendo que te olvides de ti.
Tampoco quiero dar a entender que no me importa si mis hijos son buenas personas. Todo lo contrario. Me gustaría que lo fueran, que ayudaran a los demás y que sepan ponerse en la piel de otra persona cuando fuera necesario. Pero creo que eso debe nacer de forma natural, no por obligación ni por miedo a hacerlo mal.
Entonces, prefiero que mi hijo sea feliz. Porque a parte de sentirse mejor el, sentiría que habría cumplido mi mayor propósito. Yo creo que no hay satisfacción más grande que cuando un padre ve a su hijo realmente feliz. Si un niño crece sintiéndose bien consigo mismo, es más probable que aprenda a ser amable y respetuoso por decisión propia, no porque se lo impongan.
Blog XVIII Martin
Prefiriendo siempre el camino más claro, imagino que optaría por un hijo con buen corazón antes que uno solo contento. Aunque suene raro, verlo feliz todo el tiempo no me convence tanto como saberlo honesto. Desde luego, cada papá o mamá sueña con proteger del dolor a sus hijos. Pero resulta que alegrías vienen y van sin avisar, cambian según el día, el clima, una conversación. Al final, sostener ciertos valores pesa más que atrapar emociones fugaces.
Pero actuar con decencia significa cargar a cuestas respeto, capacidad de ponerse en el lugar del otro o cumplir lo prometido: cualidades que rara vez fallan. Alguien así suele dejar huella sin buscar reconocimiento, hasta cuando todo se vuelve difícil. Aun sin reír cada día, halla calma al elegir bien, sobre todo si eso mejora la vida ajena.
A veces me pregunto si enfocarse únicamente en la alegría termina fomentando comportamientos centrados en uno mismo. En lugar de eso, veo mayor valor en criar personas firmes en sus convicciones, no solo ansiosas por sentirse bien. Claro, no resulta sencillo admitir que un hijo tal vez no alcance esa dicha constante; pesa. Sin embargo, elijo confiar en que será una persona sobre quien otros puedan apoyarse, capaz de marcar diferencia donde vive.
viernes, 24 de abril de 2026
blog XVIII
Creo que para la pregunta de esta semana hay que pensar bastante, ya que te hace elegir entre la felicidad o la bondad de tu hijo. Es cierto que como madre lo que buscas siempre es que tus hijos y, en general, tu familia sea feliz, pero cuando eso depende de que tu hijo trate mal al resto de las personas que le rodean, la cosa cambia bastante.
Habría que conocer los límites que ser infeliz o mala persona implica. Quiero decir, si su infelicidad va a significar que no viva las cosas con emoción, ni que tenga ganas de hacer ninguna cosa, sería bastante duro como madre criar a un hijo que no tiene ganas de vivir. Pero claro, si eligiendo que fuese feliz haría que tratase mal al resto, les insultase, pegase… creo que me decantaría por la otra opción. Considero más importante que trate bien al resto aunque me duela ver como no es del todo feliz. Creo que prefiero que sea infeliz, a que otras personas lo pasen mal por culpa de sus actitudes. Porque considero que tampoco va a ser del todo feliz si no tiene amigos ni familiares que le quieran y pasen tiempo con él, por culpa de sus malas acciones.
Y puede ser que si ahora mismo fuese madre, lo viera de otra manera totalmente diferente, pero desde la perspectiva que tengo en este momento no tendría ninguna duda en que elegiría que sea infeliz, pero buena persona con la gente de su alrededor. Me sentiría más orgullosa de él y sobre todo de mí misma, por haber sabido darle una educación que se base en el respeto y el cariño hacía los demás.
Blog XVIII Patrik Arrieta
Si soy sincero, la pregunta de hoy me ha dejado un poco descolocado porque se me ha hecho muy difícil llegar a una conclusión final. Si en el futuro fuera padre y me obligaran a elegir un único camino para mi hijo, ¿preferiría que fuera feliz o que fuera una buena persona? Aunque la respuesta instintiva de cualquier padre es desear el bienestar de su hijo por encima de todo, después de pensarlo detalladamente sobre lo que significa realmente vivir, mi elección es que sea una buena persona.
En primer lugar, debemos analizar qué entendemos por felicidad. Si la felicidad se reduce al bienestar individual, al placer o a la ausencia de problemas, corremos el riesgo de criar a alguien que viva en una burbuja de egoísmo, donde no aprenda a vivir la vida, sino una realidad totalmente falsa. Una persona puede ser "feliz" ignorando las injusticias del mundo o desentendiéndose de los demás. Sin embargo, la bondad implica un compromiso con la realidad. Ser una buena persona significa tener valores, ser íntegro y actuar de forma justa, incluso cuando eso supone un sacrificio personal o nos genera una profunda tristeza al ver el sufrimiento ajeno.
Para profundizar en este tema, consulté con mis padres, y sus opiniones me ayudaron a ver las dos caras de la moneda. Mi madre, desde un punto de vista más emocional, me confesó que le costaría mucho elegir la bondad si eso significara que yo fuera un desgraciado. Para ella, el amor de madre consiste en querer que tu hijo no sufra. Por otro lado, mi padre aportó una visión más estoica: sostiene que la felicidad es caprichosa y no siempre depende de nosotros, mientras que ser una persona de palabra y con principios es algo que nadie te puede quitar. Según él, es mejor vivir una vida con sentido que una vida simplemente alegre.
Basándome en estas ideas, creo que la bondad otorga una dignidad que la felicidad por sí sola no puede ofrecer. Si mi hijo fuera una buena persona aunque fuera infeliz, su vida tendría un propósito: ayudaría a mejorar su entorno y dejaría un legado positivo en los demás. La felicidad sin ética me parece vacía; es una satisfacción que empieza y termina en uno mismo. En cambio, el valor moral de una persona reside en su capacidad para hacer lo correcto, aunque el viento sople en contra.
En conclusión, prefiero que mi hijo sea alguien que se mire al espejo y respete lo que ve, aunque sus ojos reflejen cansancio o tristeza por las dificultades de ser coherente con sus valores. Al final, como hemos estudiado en Filosofía, la vida humana no trata solo de "sentirse bien", sino de actuar correctamente. Prefiero un hijo con cicatrices por haber ayudado a otros que uno con una sonrisa permanente basada en la indiferencia.
Blog XVIII
Si tengo que escoger, a pesar de que me cueste, yo creo que prefiero que mis hijo sean buenas personas a que sean simplemente felices. No es que sea fácil, porque como madre me duele verles pasar mal o no ser del todo felices. Para mí ser buena persona es respetar a los demás, ayudar cuando puedes, no hacer daño y, de una manera u otra, hacer el mundo un poco mejor, aunque eso implique sacrificios o no elegir el camino más fácil o más cómodo. La felicidad, en cambio, y puede ser muy circunstancial o a veces incluso egoísta.
También he hablado del tema con mis aitas y amas, quienes me dicen que al final lo que importa es cómo vives; de esta manera me dicen que una buena persona, aunque pase por momentos difíciles, suele encontrarse en paz con sí misma, y eso ya es una forma de felicidad, aunque no lo sea completamente.
Así que lo dicho: por mucho que me pudiese dar pena que mis hijos no alcanzaran a ser totalmente felices, creo que estaría bastante más orgullosa de saber que son personas buenas, que tratan bien a los demás y que dse preocupan por ellos.
miércoles, 22 de abril de 2026
Blog XVIII
Si yo fuese a tener un hijo o hija lo primero que querría que fuesen es felices y buenas personas. Así que planteándome esta pregunta, se me hace muy difícil responder. Siendo buena persona, de alguna manera, estás viviendo para los demás, sin embargo, si eres feliz, estás viviendo por y para ti. Ser feliz y buena persona sería el equilibrio perfecto, pero cuando parece que hay que elegir entre uno u otro, surge la verdadera cuestión, ¿es más importante el bienestar propio o el impacto que dejamos en los demás?
Por un lado, el impacto que dejamos en las personas es importante porque influye en su vida y en cómo nos perciben, y ese efecto puede perdurar más tiempo del que nos imaginamos.
Por otro lado, la felicidad es lo que todo el mundo busca en su vida. Sin felicidad no hay razón por la que vivir. Ser feliz da bienestar, alegría y ganas de seguir adelante, mientras que no tenerla hace que todo se vea más gris y difícil de disfrutar. Siendo feliz se puede tener una vida plena. Siendo buena persona sin ser feliz no tanto.
En definitiva, ser buena persona trae todo tipo de cosas positivas, pero es mejor ser feliz. De esta manera la vida se vivirá con más sentido y ganas. La felicidad ayuda a vivir con más plenitud y a valorar el día a día. Al final, elegir ser feliz da un sentido más profundo a la propia vida.