En los últimos años, la palabra “crush” se ha vuelto muy popular entre los jóvenes para referirse a esa persona que nos hace ponernos nerviosos cada vez que la vemos o que nos alegra el día al verla. Tener un “crush” significa pensar en alguien constantemente, sentir mariposas en el estómago cada vez que lo ves y/o desear estar cerca de esa persona el máximo tiempo posible. Es algo que puede ser muy bonito, ya que nos llena de ilusión y nos hace querer ser mejores. Sin embargo, también puede ser complicado, porque no siempre sabemos si nuestros sentimientos son correspondidos, lo que provoca que, normalmente no expresemos nuestros sentimientos hacia esa persona.
A veces, nuestro “crush” es alguien que vemos todos los días: en el colegio, en la calle o incluso en tu propio edificio. Cada encuentro nos ilusiona, nos emociona, pero al mismo tiempo nos pone nerviosos. Como ya he dicho antes, la vergüenza y el miedo al rechazo hacen que, muchas veces, nos quedemos callados y no digamos nada. Nos imaginamos conversaciones perfectas en nuestra mente, pero en la vida real no sabemos cómo empezar ni cómo actuar, lo que provoca aún más nerviosismo e inseguridad al cruzarte con esa persona.
Me gustaría que mi “crush” fuera una persona amable, divertida y sincera, con una sonrisa dulce que transmita confianza y una personalidad que me haga sentir cómodo incluso en loa malos momentos. Sería alguien con quien poder compartir risas, intereses y momentos simples pero especiales. Aunque a veces da miedo acercarse, también es emocionante pensar que un pequeño gesto o una palabra podría acercarnos más a esa persona, y, por consiguiente, a la oportunidad de conocerla. Tener un “crush” nos enseña a ser valientes y a valorar la posibilidad de nuevas conexiones. Por eso, aunque el miedo exista, a veces vale la pena arriesgarse y decir lo que sentimos.
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