domingo, 9 de noviembre de 2025

Blog VI

 A veces pienso que tener un “crush” es una de las cosas más simples y bonitas que pueden pasarnos cuando somos adolescentes. No es un amor grande ni complicado, pero sí uno que se siente de verdad. Empieza sin que te des cuenta, con una sonrisa, una conversación, una coincidencia tonta… y de repente, esa persona empieza a ocupar un espacio en tu cabeza que antes no tenía dueño.

Lo curioso del "crush" es que no necesitas mucho para emocionarte. Basta con un "hola" o una mirada para que el corazón se acelere como si fuera algo enorme. Empiezas a pensar más de la cuenta, a buscar excusas para coincidir, a leer entre líneas cosas que tal vez no están ahí. Y aun así, se siente bien. Es una mezcla de nervios, ilusión y un poco de miedo, todo al mismo tiempo.

El amor adolescente tiene esa inocencia que se pierde un poco con el tiempo. No se trata de planes de futuro, solo de sentir. Es querer ver a alguien sin razón, escribirle sin motivo, reírte más de lo normal cuando está cerca. En ese momento, todo parece más bonito solo porque esa persona existe.

Claro que a veces, el "crush" se queda ahí, en una ilusión. Y duele un poquito cuando te das cuenta de que tal vez no va a pasar nada. Pero incluso eso tiene su encanto. Porque aunque no se convierta en una historia real, deja un recuerdo cálido. Te enseña lo que es emocionarte por alguien, lo que es esperar un mensaje, lo que es sentir mariposas sin saber por qué.

Con el tiempo, uno aprende que esos sentimientos, aunque parezcan pequeños, son los que más se quedan. Tal vez porque fueron los primeros. Porque no había miedo ni desconfianza, solo ganas de sentir algo bonito.

Y creo que es eso lo que lo hace tan especial, que es puro, torpe, sincero y totalmente real, aunque dure poco. Porque, al final, todos recordamos ese "crush" que nos hizo sonreír sin razón y nos enseñó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario