La verdad es que el tema de si una inteligencia artificial debería decidir por nosotros da bastante respeto. Por un lado, parece una buena idea porque las máquinas no se cansan, no tienen malos días y procesan la información a una velocidad que más nos gustaría a nosotros. En teoría, eso las hace más objetivas, lo que sería más eficiente en un hospital para no fallar en un diagnóstico o en un juicio para evitar favoritismos.
Pero si nos paramos a pensar, la cosa no es tan fácil. El gran problema es que estas inteligencias aprenden de nosotros, y nosotros cometemos errores. Si una máquina analiza casos judiciales antiguos que fueron injustos, lo más probable es que acabe aprendiendo de ellos y fallando en lo mismo. Al final, lo que parece una decisión objetiva es solo un reflejo de nuestros propios errores, pero multiplicados por mil. Además, hay algo que una máquina nunca va a tener y que es fundamental en profesiones como la medicina o la enseñanza: la humanidad.
Por ejemplo, un médico no solo te da una receta, también te escucha, te analiza y te entiende más que tú a ti mismo. Un profesor no solo te corrige un examen, sino que sabe cuándo necesitas un empujón porque estás pasando por una mala racha. Si dejamos que una máquina decida quién aprueba o quién recibe un tratamiento, estaríamos sustituyendo oficios que son completamente humanos. Las máquinas no entienden de sentimientos, simplemente sacan información de internet. Que sea verdadera o falsa ya es otra cosa.
La gran pregunta es dónde ponemos el freno a todo esto. Para mí, la clave es no ver a la IA como la que manda, sino más bien como un sitio al que asistir de vez en cuando. Está genial que nos eche una mano para encontrar datos más rápidamente o para que nos de información mayoritariamente fiable.
El límite para mí sería algo así: ninguna máquina debe poder decidir si alguien va a la cárcel, qué tratamiento médico recibe o qué futuro le espera a un estudiante sin que un humano revise si esa decisión es lógica y justa. Hay cosas que la IA no explica y que solo nosotros podemos entender.
No hay comentarios:
Publicar un comentario