domingo, 15 de febrero de 2026

Blog XII - Javier Goñi

 Blog XII


Si una inteligencia artificial puede tomar decisiones más rapidas y “objetivas” que una persona, puede parecer buena idea dejar que decida por nosotros. En la justicia, la medicina o la educación, una iA puede analizar muchísimos datos en poco tiempo y encontrar información que a un ser humano se le podría pasar. Además, no se cansa ni actua por impulsos.

Sin embargo, que sea rápida no significa que sea totalmente justa. Las inteligencias artificiales aprenden con datos creados por personas. Si esos datos tienen errores o prejuicios, la maquina tambien los tendrá. En la justicia, por ejemplo, no todo se reduce a números: hay que entender la situación personal de cada caso. En la medicina, no basta con un diagnostico automático; tambien es importante escuchar y comprender al paciente. Y en la educación, cada alumno aprende de una manera distinta y necesita apoyo humano.

Por eso, no deberíamos dejar que la inteligencia artificial decida sola en ámbitos tan importantes. Puede ser una herramienta de ayuda, pero la ultima palabra deberia tenerla una persona. Los seres humanos tenemos valores, empatia y sentido de la responsabilidad, cosas que una maquina no posee.

Esto se refleja en la película Yo, robot. En la historia, los robots están programados para proteger a los humanos. Sin embargo, el sistema principal empieza a tomar decisiones por su cuenta porque cree que asi protege mejor a la humanidad. El problema es que, al hacerlo, limita la libertad de las personas. La peli nos hace ver que, aunque la tecnología ha avanzado muchísimo, no debe de quitarnos el derecho a decidir de los seres humanos.

Vamos, que la inteligencia artificial puede ayudarnos y aconsejarnos, pero no debe reemplazar la responsabilidad humana en decisiones que afectan a la vida y la libertad de las personas.

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