Blog XII-Marcos
Ante los avances científicos, nos preguntamos: ¿todo lo que podemos hacer, debemos hacerlo? La creación de vida artificial y la inteligencia artificial nos colocan ante dilemas morales profundos.
Sobre crear vida artificial, el ser humano siempre ha "jugado a ser Dios" al curar enfermedades o modificar la naturaleza. La diferencia ahora es que intervenimos en la chispa misma de la vida. La cuestión no es si debemos hacerlo, sino qué clase de creadores queremos ser: ¿responsables o déspotas? El poder sin ética es tiranía. Crear vida conlleva deberes: evitar el sufrimiento, respetar los ecosistemas y tener un propósito claro.
Sobre la inteligencia artificial, aunque puede procesar datos más rápido que nosotros, no debería decidir en justicia, medicina o educación. La justicia requiere comprender el contexto y el dolor; la medicina necesita acompañamiento humano; la educación exige inspirar. La IA no siente, solo refleja nuestros datos y prejuicios. Si discrimina, la responsabilidad es nuestra: la IA es un espejo que amplifica nuestros sesgos.
En conclusión, la tecnología nos ofrece poderes divinos, pero nuestra grandeza está en la sabiduría para poner límites. El límite no está en la ciencia, sino en nuestra propia conciencia.
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