La inteligencia artificial o actualmente conocida como IA, es una herramienta que llega para aparentemente hacernos la vida más fácil. Por eso mismo, hay muchos puestos de trabajo que se están perdiendo debido a que esta IA está superando con creces la velocidad y la eficiencia de esos puestos.
Es innegable el hecho de que la IA es más objetiva y justa que la forma de pensar humana. Empresas como Google han demostrado que estos sistemas pueden ser muy precisos y eficientes. Sin embargo, rapidez y objetividad no siempre significan que una decisión sea justa o correcta.
En la justicia, por ejemplo, la IA únicamente se basa en los datos objetivos, sin desarrollar ningún tipo de empatía ni conexión que tendría un ser humano. En medicina, puede sugerir el mejor tratamiento según los datos, pero no puede reemplazar la empatía ni la relación médico-paciente. Y en educación, aunque puede adaptar contenidos al ritmo del alumno, no sustituye la motivación y el apoyo emocional de un profesor.
Creo que el límite debería estar en dejar que la IA aconseje, pero no que decida por completo. Las decisiones que afectan la vida de las personas necesitan responsabilidad humana. La tecnología debe ayudarnos, no reemplazar nuestro criterio
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