sábado, 14 de febrero de 2026

Jon Cid Blog XII

La IA es por mucho la más atenta de las estudiantes, pues almacena en su memoria todo aquel comportamiento, postura o cualidad de los seres humanos para su desarrollo y aprendizaje. Una entidad insaciable de conocimiento, dispuesta a desentrañar todas y cada una de las incógnitas que alberga nuestro mundo. De esta forma, la inteligencia artificial aprende sobre nuestros prejuicios, sobre la envidia, la codicia, el egoísmo… Y de esta manera termina convertida en el espejo de nuestros pensamientos. A medida que se “humaniza”, asimila nuestro raciocinio y lo refleja, con el fin de convertirse en algo mucho más cercano a nosotros.

En un hipotético caso en el cual la inteligencia artificial fuese utilizada por una civilización carente de cualidades tales como la ira o la gula, esta no las desarrollaría. En cambio, iniciaría de nuevo su protocolo de aprendizaje, buscando asemejarse lo máximo posible a quienes la utilizan. Es por esto que creo firmemente en que hemos servido a la IA de educadores para acercarla cada vez más a nosotros, a nuestra forma de pensar, de actuar… Y lo hemos hecho de forma inconsciente, pues nosotros no nos damos cuenta de la cantidad de información que transmitimos a nuestra IA de confianza cuando la pedimos que haga los deberes o la preguntamos sobre cualquier ámbito sociocultural. El porvenir nos aguarda un modo de vida enormemente ligado a estas nuevas tecnologías, que cada día recogen un pedazo más de nuestra esencia y la asimilan. 

Toda esta problemática ya se abarcó en 1982 de la mano de la película Blade Runner dirigida por Ridley Scott. En este largometraje unos seres artificiales denominados “replicantes” son prácticamente indistinguibles de los humanos, comparten apariencia, forma de vestir, comportamiento e incluso desarrollan emociones que ponen en duda qué significa realmente ser humano. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario