A día de hoy, vivimos en un tiempo en donde la inteligencia artificial ya no es un proyecto futurista, sino que la tenemos presente y forma parte de nuestro día a día.
Puede sernos muy útil ante cualquier problema o tarea que se nos plantee, pero debemos preguntarnos ¿Qué tipo de relación estamos construyendo con la IA?
La IA no tiene emociones, solamente hace parecer que las tiene. Simplemente se basa en unos patrones e intenta dar las mejores respuestas posibles. Esto nos hace saber que no tiene experiencia humana y que las respuestas siempre serán técnicas y sin matices sobre experiencias humanas. Nos responde como si nos conociera realmente a fondo y nos hace creer que tenemos nuevas necesidades. Yo diría que es como una especie de espejo tecnológico.
Es una herramienta poderosa que no podemos destruir pero si cambiarla a nuestro gusto. Creo que la IA es una herramienta útil en el ámbito de la medicina. Gracias a esta, los tratamientos ante enfermedades se desarrollan más rápido. También puede servirnos a la hora de estudiar, pero debemos tener en cuenta que el uso excesivo de esta puede disminuir la capacidad del ser humano a la hora de ser crítico. El humano puede volverse dependiente de esta y perder habilidades creativas.
Además, puede ser utilizada para crear “fake news” o bulos. Esto perjudica a la sociedad y es por eso que debemos adaptarnos a cualquier cambio que se nos plantee. Tenemos que intentar obtener más beneficios que riesgos y por eso debemos utilizar la IA con responsabilidad y con fines éticamente correctos.
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