Volver a los veinticinco años es una idea que al tener ochenta y cada día estar más cerca de la muerte puede sonar muy bien. Pero no todo son ventajas, al no poder cambiar nada de lo sucedido habría que revivir todos los malos momentos y pasar por segunda vez por todo ese sufrimiento. Por otro lado, poder revivir alguno de los momentos más felices de mi vida sabiendo la importancia que tendrán podría hacerme aprovecharlos más.
Creo que a los 25 años (o incluso antes) es una edad en la que las personas empezamos a ser más conscientes de las cosas que nos suceden. No sería lo mismo volver a la infancia, a los tres, cinco o siete años ya que en esa etapa aún somos muy inocentes y nada conscientes de las cosas que nos pasan, las cuales probablemente en un futuro echaremos de menos. En cambio, en la etapa de la juventud, hay veces en las que mientras estamos viviendo un muy buen momento nos paramos a pensar cuánto lo echaremos de menos para aprovecharlo más.
Volver a vivir cosas tan duras como el fallecimiento de un familiar cercano es volver a pasar por todo ese sufrimiento. A pesar de que pueda pensar que para ese entonces estaré más preparada para afrontarlo, creo que nunca se puede estar preparada para vivir la muerte de alguien cercano y probablemente sea igual o más duro que la primera vez.
Personalmente yo no volvería a los veinticinco años porque espero haber aprovechado en general mi vida entera y no me compensa revivir todos los malos momentos de nuevo. Pienso que si algún momento fue especial es mejor recordarlo tal y como lo viví en ese momento y quedarme con ese recuerdo.
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