domingo, 28 de septiembre de 2025

Fotografía (Ane Ibarreche)

 Los disparos sonando de fondo en una guerra llena de violencia y de dolor. En una casa la cuál todavía no ha sido derrumbada por los israelíes, hay una familia aterrada, con ganas de huir ha un lugar en el que poder seguir viviendo tranquilamente, sin miedo a algún día no poder despertar. Esa familia, está formada por una madre y sus  cuatro hijos, ya que el padre está defendiendo la ciudad, Gaza. Esta madre todos los días según se despierta, lo primero que hace es tomarles la tensión a sus hijos, para así asegurarse de que estos siguen vivos y que esa noche no les haya pasado nada. Esta situación esta consumiendo a esta madre, porque no sabe nada de su marido desde hace semanas, pero frente a sus hijos tiene que sacar una sonrisa para que ellos estén más tranquilos y no se preocupen. 

Otro día más la señora de la casa se despierta preocupada por sus hijos, pero esta vez más de lo habitual, porque durante la noche escucho un disparo muy cerca. Va pasando por las habitaciones de sus hijos, los dos primeros siguen vivos, lo cual hace que la madre respire con un poco más de tranquilidad, pero cuando entra al cuarto del tercero, lo ve en la cama tumbado al lado un gran charco de sangre a su lado. Al ver esto la madre echa a llorar, después de pegar un grito que despierta a sus otros tres hijos. Ellos al escuchar ese horrible grito de su madre se despiertan corriendo y van a donde ella, y al llegar, ven a su hermano en la cama muerto. Estos se quedan paralizados por unos segundos y después se ponen a llorar, al igual que su madre. Al de 1 hora cuando ya estaban todos más tranquilos la madre decide envolver a su hijo en una sabana y darle los últimos abrazos antes de llevarlo a algún otro sitio para que el resto no le viesen más. La madre entre lagrimas sale a la calle con su hijo en brazos y en un sitio en el que ve que hay más cadáveres le deja después de darle un último fuerte abrazo.


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