Al ver esta imagen me vienen a la cabeza las miles de familias destrozadas por el genocidio de Israel contra Palestina. Es muy doloroso el ver imágenes como esta y saber que hay miles de personas sufriendo en otra parte del mundo de esa manera. Viendo a esta mujer lamentándose por la pérdida de su hija, pienso en la vida que tenía esa familia antes de este conflicto, y que ahora ya no van a poder recuperar.
Antes de que esto sucediera, su vida había cambiado desde que empezó el genocidio. Los días ya no eran iguales, se hacían largos y horrorosos. Pasaban por la calle con miedo, viendo a miles de personas morir, pensando que algún día ellos podrían acabar de esa manera, y así ha sido.
Antes de que todo cambiara, vivían en una casa sencilla en Gaza. La madre se levantaba para preparar el desayuno a su hija, para después irse a trabajar como costurera en un taller. Allí no conseguía mucho dinero, pero para complementar lo que ganaba su marido como electricista, era suficiente. La vida no era fácil, las noches se llenaban de bombardeos y zumbidos, había cortes de agua y momentos de escasez. Nunca pensó que una bomba estallaría sobre su hija, corriera a un hospital y en vez de estar cosiendo en su trabajo, estaría sosteniendo el cuerpo pequeño de su hija sin vida, envuelto en una sábana blanca.
Esta imagen refleja muy bien la situación que hay ahora mismo en Palestina. Miles de muertos, heridos y refugiados. Así se visibiliza el sufrimiento que tienen estas personas, sobre todo los niños. Esto me hace pensar en lo frágil e injusta que es la vida, que miles de personas inocentes mueran por conflictos políticos. Creo que los niños no deberían ser parte de las guerras de los adultos, y esto te hace cuestionar porque siempre tienen que pagar las consecuencias los más vulnerables, los que no eligieron estar ahí. Te hace pensar en cómo una simple fotografía puede contar una historia tan trágica, en cómo un instante te puede cambiar tanto la vida.
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