Fatimah no durmió en toda la noche por el lejano y constante ruido de las explosiones. La guerra en Oriente Próximo estaba más activa que nunca. Después de que su marido fuera abatido en combate, solo tenia una razón para seguir adelante: Omar, su hijo de 5 años.
Salieron temprano a buscar comida entre las ruinas de los edificios que hace menos de unos meses eran las casas de sus vecinos.
¿Cómo hemos llegado a este punto?-se preguntaba Fatimah recordando los buenos momentos con su familia.
En un abrir y cerrar de ojos, todo cambió. Hubo un resplandor. Había sido una bomba. El edificio se derrumbó y Fatimah consiguió huir. Pero escuchò un grito que le enfrió el alma. Era Omar. Había sido completamente sepultado por los escombros.
Horas después, la tragedia se confirmó. El cadáver estaba en la morgue, prácticamente irreconocible. Aquella madre tenía la tristeza dibujada en la cara, pero no podía quedarse allí porque era demasiado peligroso.
Se despidió como pudo y abandonó el lugar. Un reportero británico capturó la imagen que recorrería el mundo y que reflejaba la tristeza de una madre y el horror de la guerra.
Horas después, Fatimah tomó una decisión. Con solo 28 años acabó con su vida al no verse capaz de seguir adelante por la muerte de su marido e hijo. Se tiró por un precipicio aunque antes, pidió perdón por sus pecados a ese Dios invisible que le había castigado sin piedad. .
No hay comentarios:
Publicar un comentario