domingo, 28 de septiembre de 2025

Jon Cid Blog 3

 La luz de un nuevo día ilumina la ciudad de Gaza, bañada en polvo y escombros por doquier. Todo lo vivido los últimos casi dos años se asemejan a una pesadilla interminable para los ciudadanos de Palestina, quienes se acuestan por las noches y se levantan con un temor que les recorre los huesos y debilita sus músculos. Gritos, llantos, pánico... la sinfonía de cada mañana, una y otra vez. Extraño es el día en que uno no se topa con alguien abrazando un cadáver o sosteniendo a un niño herido mientras corre hacia el hospital más cercano, si es que no lo han derrumbado todavía. Quienes aún conservan a su familia o amigos temen que ese privilegio les sea arrebatado en cualquier momento, y a su vez quienes han perdido todo, agonizan cada nuevo día que les toca vivir, esperando la muerte.

En la ciudad de Gaza, una mujer se encuentra desayunando con su hijo. La comida es escasa: algo de pan, leche vieja... Sin embargo, agradecen profundamente tener algo que llevarse a la boca. Los estruendos continúan en la calle, pero no se sorprenden. Tantos meses escuchando lo mismo han conseguido que lo normalicen, por triste que parezca. Una vez terminan el desayuno, el niño corre hacia la puerta esperando a su madre. Quiere salir a jugar un rato con sus amigos a la calle, pues es su única manera de entretenerse durante un tiempo. La madre abre la puerta y los dos bajan los tres pisos que les separan de la avenida. Mientras bajan, la mujer saluda a sus vecinos. Todos están bajos de moral, pero intentan sacar una sonrisa por mucho que les cueste. Al llegar abajo, el niño ve a sus amigos jugando con una botella de plástico al fútbol, y corre a encontrarse con ellos. La mujer se acerca a una de las madres para charlar un rato, mientras no le quita ojo a su hijo. 

De pronto, un zumbido lejano comienza a escucharse poco a poco. Todos saben lo que eso significa. Las madres corren hacia sus hijos mientras gritan sus nombres para llevarlos cuanto antes a un lugar seguro. Los niños están demasiado concentrados jugando y no escuchan a sus madres. Es el espantoso sonido el que les sorprende. Comienzan a correr hacia todos lados, buscando cualquier cosa que les transmita una sensación de seguridad. La mujer decide resguardarse también, sabiendo que no va a poder llegar hasta su hijo antes de que suceda la tragedia. Unos instantes más tarde, todo se vuelve gris, es imposible ver nada. La mujer nota su corazón latir, lo que la indica que sigue viva. Finalmente, la cortina de humo se desvanece, cual telón que se abre para desvelar el siniestro escenario. Dos niños aparecen ilesos llorando desconsoladamente mientras abrazan a sus madres. La mujer busca sin descanso a su hijo, quien se había alejado más que lo otros críos. Cuando llega hasta una mtaña de escombros, encuentra la botella con la que su hijo había estado jugando. A su lado, un zapato negro deportivo. La mujer se derrumba en el suelo, gritando e inundando el suelo de lágrimas. Un nuevo día comienza en Oriente Próximo.


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