domingo, 28 de septiembre de 2025

Historia detrás de la foto

 En esta foto que ganó el premio Ortega y Gasset se ve algo que duele mirar: una madre abrazando a su hijo muerto. Está envuelto en sábanas blancas, en un sótano frío de Gaza. Ella no lo suelta como si al abrazarlo pudiera recuperarle.


Ese niño se llamaba Ismael Abdala Murady y tenía tan solo 11 años. Soñaba con ser médico para curar a la gente de su barrio. En la escuela estudiaba muchísimo y ayudaba a sus hermanos con los deberes. También ayudaba a sus padres en casa ya que, era el mayor de 3 hermanos.


Pero la guerra le robó todo. Primero perdió a su padre y a sus hermanos en un bombardeo. Solo quedaron él y su madre que intentaban sobrevivir como podían. Todos los días iban al paso de Rafah buscando comida, pero la ayuda no llegaba. Dormían entre escombros rezando para que no cayese otra bomba. Un día, mientras Ismael buscaba comida entre la multitud, una bomba cayó y lo alcanzó. Su madre fue rápidamente al único hospital que quedaba, pero no podían hacer nada el abrazo que se muestra en la foto fue su último adiós.

Ismael quería salvar vidas. En cambio, la violencia le arrebató la suya. Y lo único que quedó fue una madre aferrándose al cuerpo de su hijo, para que el mundo entero entendiera lo que realmente significa perderlo todo.

La madre de Ismael logró salir de Gaza tras la muerte de su hijo. Ahora vive en Egipto como refugiada de guerra, intentando reconstruir su vida en medio del dolor. Aunque está a salvo, cada día carga con la ausencia de sus hijos y su marido, también del recuerdo de lo perdido.




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