Después de una semana de la bomba la madre de Omar no había dejado de buscarle. El día que sucedió, tras escuchar el fuerte sonido, se dirigió corriendo, ya que sabía que su hijo Omar solía estar por esa zona habitualmente. Vió a niños, adolescentes, padres y abuelos heridos pero no encontraba a Omar. Ver a tanta gente sufriendo era horrible para ella y realmente quería ayudarles y se sentía fatal por no hacerlo, pero lo único que le pasaba por la cabeza era ver a su hijo Omar.
Estuvo buscando por toda la zona, y al no encontrarle empezó a pensar que tal vez Omar pudo haber huido y encontrado un lugar seguro. Estuvo horas y horas buscando por todos lados. Se hizo tarde, y empezó a amanecer, y al día siguiente no dejó de buscar, ni al siguiente, ni al siguiente. Y trás una semana, no dejó de rendirse y solamente lloraba y lloraba por su único hijo. Omar era lo único que le quedaba después de la guerra, ya no tenía casa, no tenía más familiares (la mayoría habían huido y más de uno había fallecido) solo eran Omar y ella, y ahora ni siquiera eso.
Aún ya esperando lo peor, no podía darse por vencida y siguió buscando. Al ya haber recorrido toda la zona y alrededores decidió regresar justo a donde impactó la bomba. Había un pequeño puesto médico con camillas con personas heridas y lo que parecían cuerpos envueltos en sábanas. Imaginándose la peor situación posible, inevitablemente empezó a llorar y se comenzó a acercarse lentamente. El cuerpo que estaban envolviendo en ese mismo instante era el de Omar. Ella lo vio desde la lejanía y aún así lo reconoció perfectamente. Al cuerpo de Omar, un niño de tan solo 9 años le faltaba un brazo entero. Ella fue corriendo para poder abrazarle una última vez y eso fue lo último que hizo, abrazar el cuerpo de su difunto hijo.
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