Si a los 80 años me ofrecieran volver a los 25, teniendo que vivir todo lo ya vivido sin tener el poder de cambiar lo que me pasó en una vida desgraciada, no tengo ninguna duda de que no aceptaría.
Aunque la propuesta de poder recuperar la juventud parece tentadora, si no he tenido una vida especialmente agradable y feliz, sería más un castigo que una gran oferta. Además, no poder cambiar nada y tener que revivir todos tus fallos, dolores y pérdidas sería una tortura casi eterna. El conocimiento que he adquirido con el paso de mis 80 años no me serviría para absolutamente nada, ya que todas mis decisiones habrían sido escogidas por mi vida anterior.
No cabe duda que una de las cosas más bonitas de la vida es la incertidumbre de no saber que te puede pasar en la próxima hora, día o decisión. Al saber mi futuro constantemente, estaría metido en una especie de rutina de tristeza. Creo firmemente que incluso podría llegar a desarrollar una gran depresión, ya que perdería las ganas de seguir viviendo cosas desgraciadas ya vividas.
Obviamente, la cosa cambiaría si en vez de una vida desgraciada, hubiera tenido una vida llena de alegrías, sorpresas agradables y amor. No cabe duda de que en dicha vida también hubiera pasado grandes fracasos, pero si los factores nombrados anteriormente hubieran tenido más protagonismo que las desgracias aceptaría la propuesta, pero como en este caso no hay cosas buenas en mi vida, indudablemente y sin ninguna pena la rechazaría.
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