martes, 14 de abril de 2026

Íñigo L blog XVII (control parental)

 En caso de que tuviera hijos, una cuestión muy seria que me haría sería la de vigilar su móvil y redes sociales. Hoy en día, esto es cada vez más común, ya que la edad de recibir el primer móvil funcional está cada vez más cerca de la niñez que de la adolescencia: por lo que los padres y madres optan por instalar algún tipo de sistema para garantizar su seguridad y que no se metan en problemas. En mi caso, y aunque esté a a favor de que los padres y madres implanten este sistema, no creo que lo instalaría.


Para empezar, es cierto que cuanto más control parental haya es más difícil que un niño se meta en webs peligrosas o contacte con gente con la que no debe; pero por otro lado, cabe recalcar que es una invasión total de la intimidad de tu hijo. A mí personalmente me molestaría bastante que mis padres estuviesen mirando a diario con quién y de qué hablo, que es lo que veo, a qué juego, etc. puesto que lo que haría sería precisamente desconfiar cada vez más de ellos. 


Además, considero que una buena educación digital desde pequeños puede ser mucho más eficaz que el control constante. Enseñarles a reconocer peligros, a no compartir información personal y a actuar con responsabilidad en Internet les dará herramientas que utilizarán toda su vida. Al fin y al cabo, no siempre estarán bajo la supervisión de sus padres, por lo que aprender a manejarse por sí mismos resulta fundamental. La confianza mutua entre padres e hijos también juega un papel clave en este aspecto.


Por otro lado, no se puede negar que existen realmente amenazas en la red, por lo que alcanzar un equilibrio sería lo más aconsejable. Yo optaría por mantener una comunicación abierta y sincera en lugar de invadir su privacidad, interesándome por lo que hacen en Internet sin aplicar un control exhaustivo. De este modo, se sentirían más a gusto compartiendo con nosotros las experiencias y los problemas, de tal manera que si alguna vez se complican las cosas tendríamos más facilidad para ayudarlos.

lunes, 13 de abril de 2026

Blog XVI- Guillermo Eraso

 Espionaje o seguimiento parental



En esta época en la que las redes dan un amplio acceso a todo tipo de contenido, pero exponen a los jóvenes a riesgos y vulnerabilidades extremas , se hace más que nunca necesario controlar y hacer ver a los adolescentes que un acceso controlado y precavido se vuelve necesario.

En la actualidad son múltiples los riesgos a los que jóvenes aún poco conscientes de lo mismo pueden verse expuestos, y que un padre o una madre acompañe al adolescente desde su posición de control me parece adecuado, oportuno y que no se puede considerar invasivo.




Apruebo que un padre se introduzca en las redes del menor si gracias a ello puede aconsejar, dirigir, recomendar o encauzar comportamientos que pueden implicar situaciones comprometidas.

Lo que pasa en las redes no se queda en las redes! Lo que pasa en las redes te persigue en el tiempo, es difícil de borrar, te puede comprometer en lo personal ,en lo profesional y no solo en el presente sino también a futuro

Por eso apruebo que de forma razonable un padre investigue y controle, con el solo objetivo de ayudar y evitar problemas a nuestra generación, que hemos nacido y crecido con lo digital.


Control comprensivo, control no agresivo y a favor del acompañamiento de unos padres que solo buscan el bienestar y educación del menor.


Blog XVII

Con todos los avances y beneficios que Internet puede ofrecer, también es un lugar que puede ofrecer muchas ventajas, pero puede llegar a ser un lugar muy peligroso; por lo cual, en caso de tener hijos, me inclinaría por el seguimiento de su actividad en redes sociales, incluso por la revisión de sus cuentas, cuando fuera necesario. Esta no sería una falta de confianza, ni mucho menos, sino la situación en la que un adolescente todavía está aprendiendo a hacerlo.

Esto se puede entender mejor si pensamos en series como Adolescencia, que precisamente muestran situaciones muy cercanas a la actualidad: trata la violencia en relación con Internet, la cultura incel, la manosfera, la manipulación de las redes…, cómo algunos adolescentes pueden acabar en algunas dinámicas muy peligrosas y no ser vistos a tiempo. No es una historia muy concreta con personajes sino una historia en la que claramente hay problemas que existen y que pueden llegar hasta cualquier adolescente.

Por lo tanto, pienso que en ocasiones los padres no actúan en desconfianza, sino por miedo. Miedo a que hable con personas extrañas, miedo a las malas influencias, miedo a que no sepa la reacción en alguna situación concreta. Y es que, seamos realistas, a estas edades no siempre se tiene la madurez necesaria para detectar ciertos riesgos.

Eso no quiere decir ejercer el control con la mayor o menor explicación, creo que hay que dar las razones, creo que ha de haber un diálogo y normas claras, no sólo vigilancia desde la distancia.

En definitiva, en el fondo hay que buscar un equilibrio, pero si me preguntas cuál de las dos opciones prefiero, te diré que, si tengo que fallar, prefiero ser una persona prudente de la que enterarse demasiado tarde que algo va mal.

domingo, 12 de abril de 2026

Blog XVII (Ane Ibarreche)

 Desde mi punto de vista, no estaría de acuerdo con espiar a mis hijos ni revisar constantemente sus redes sociales. Aunque la intención sea protegerles no considero que espiando sus redes sociales sea lo mejor. Creo que la confianza es un pilar fundamental en una relación como la de padres e hijos. Si un hijo siente que no tiene privacidad, puede llegar a ocultar cosas, lo que al final puede ser incluso más peligroso que la situación inicial.

Además, hoy en día Internet forma parte de la vida cotidiana y es importante que los adolescentes aprendan a usarlo de forma responsable por sí mismos. En lugar de controlar cada paso que dan, creo que es más útil educarles, enseñarles los peligros de estas plataformas y darles enseñarles como se debe actuar frente a distintas situaciones.

También pienso que limitar demasiado el acceso puede provocar que los hijos se vuelvan más rebeldes y encuentren la manera de hacer lo que se les a prohibido, aunque esta vez sin la autorización de su padre. Además, esto solo llevará a más enfados entre padres he hijo ya que dará pie a más discusiones y enfrentamientos. 

En conclusión, los padres deben de mostrar interés sobre la vida de sus hijos, pero siempre dándoles margen para que se equivoquen y aprendan de sus errores, así como ellos lo han hecho. Entiendo que como padre se haga duro ver como tu hijo lo pasa mal por algo que ya sabías que iba a ocurrir, pero un padre no puede estar siempre evitando que sus hijos se equivoquen, porque sino estos nunca van a aprender, a pesar de que tu lo hagas con esa intención. Además de que si tus hijos sienten que estas controlando su vida estos se alejaran y te ocultarán cosas, porque en ese momento, las redes sociales pasan a ser "su vida".

sábado, 11 de abril de 2026

XVII

 Si en el futuro llegara a tener hijos, tengo claro que la responsabilidad de protegerlos frente a los peligros de la red y las malas influencias sería una de mis mayores prioridades como padre. El entorno digital actual es complejo y entiendo perfectamente la necesidad de estar alerta.

No obstante, creo firmemente que espiar de forma sistemática sus cuentas de Facebook o limitar drásticamente su acceso a Internet de manera unilateral no es el camino correcto. Actuar como un inspector privado en su propia casa puede terminar rompiendo los lazos de confianza.


Como padre, preferiría basar la educación de mis hijos en la comunicación abierta y el respeto mutuo desde que son pequeños. Creo que es mucho más efectivo enseñarles a navegar con criterio y responsabilidad que convertirme en un vigilante constante de su intimidad.


Al final, controlar de forma impositiva no siempre significa proteger con eficacia a los jóvenes. Mi objetivo sería guiarlos adecuadamente para que ellos mismos aprendan a identificar y esquivar de forma autónoma esas llamadas "amistades peligrosas".


Blog XVII - Javier Goñi

 Blog XVII


Si tuviera la responsabilidad de criar a un hijo, tengo muy claro que no me dedicaría a revisar sus cosas en secreto ni a perseguir cada paso que da en las redes sociales. Entiendo perfectamente que la base de cualquier relación sana es la confianza, y no el miedo a ser descubierto por un "policía" dentro de su propia casa.

Claro que me daría miedo que se encuentre con gente mala o con contenidos que no sabe manejar, pero si le corto el internet o le espío el Facebook, solo voy a lograr que aprenda a mentirme mejor. Seguramente terminaría usando cuentas secretas que yo no podría ver, y eso es mucho más peligroso que dejar que explore con libertad, pero con cabeza.

Pienso que la privacidad es algo sagrado que todos necesitamos para descubrir quiénes somos. Si yo rompo esa barrera, estoy destruyendo el puente de comunicación que debería haber entre nosotros. Prefiero mil veces sentarme a explicarle por qué hay gente que no es lo que parece, en lugar de ponerle un candado a la pantalla y esperar que eso lo solucione todo mágicamente.

Al final, mi meta sería que mi hijo aprenda a cuidarse solo, porque yo no voy a estar ahí para vigilarlo toda la vida. Si lo acostumbro a que yo soy el que siempre decide qué es peligroso y qué no, cuando salga al mundo real estará totalmente indefenso frente a los problemas.

Prefiero ser esa persona a la que puede acudir cuando se sienta confundido o cuando alguien le escriba algo raro, en lugar de ser alguien a quien tiene que ocultarle todo por miedo a un castigo. La verdadera seguridad no viene de prohibir, sino de saber qué hacer cuando las cosas se ponen feas, y eso solo se consigue hablando y no espiando de forma oculta.

Jon Cid Blog XVII

Internet es una herramienta indispensable para la búsqueda de información y por consiguiente, para ampliar nuestro conocimiento sobre cualquier ámbito. Sin embargo, utilizarlo tiene unos riesgos de por medio, y para el público infantil puede actuar como enlace hacia cierto tipo de contenidos que no deberían ver a esas edades bajo ningún concepto. Definitivamente, en caso de ser padre, me encargaría de que no pudiesen tener acceso a algunas plataformas o contenidos, al menos hasta que fuesen algo más mayores.

Ahora me gustaría matizar lo que acabo de decir. Sí que me gustaría poder estipular una cantidad máxima de horas por día delante del móvil, imposibilitar el acceso a ciertos enlaces, búsquedas, páginas... En resumen, todo lo posible por asegurarme de que estén protegidos frente a los peligros que uno puede encontrarse por Internet, incluso sin querer. Lo que nunca haría es colocar un localizador que me indique en todo momento la posición exacta de mis hijos. En ocasiones puede ser de gran ayuda, por si el móvil se pierde o no eres capaz de contactar con ellos, pero creo que al final acaba atentando contra su privacidad, y considero que merecen ser autónomos y no estar constantemente vigilados.

Cuando nosotros éramos más pequeños, no se nos advertía sobre los peligros de Internet como se hace ahora, y en consecuencia, muchos acabamos viendo cosas para las que no estábamos preparados aún. De todas formas, nos tocó tragar y aprender antes de tiempo, y aquí estamos. El que vio su primer vídeo porno a los 10 años, o el que no pudo conciliar el sueño después de ver las imágenes de una guerra, unas imágenes que no reflejaban lo que había visto en películas de acción. No me gustaría que mis hijos pasasen por lo mismo, pero si por algún casual llegase a ocurrir, tampoco sería el fin del mundo. 

Por lo que, aunque en un principio tendría mucho cuidado para que mis hijos se mantuviesen alejados de contenidos para adultos, tampoco trataría de que no supiesen de la existencia de estos. En mi opinión, alcanzada cierta edad les haría ver lo que se pueden topar en este Internet que, igual que nos aporta, nos arrebata.