sábado, 9 de mayo de 2026

Blog XVIII-Mikel Mendizabal

 El debate sobre la gestación subrogada, o lo que comúnmente se llama "alquilar el vientre", es uno de los temas más complicados que hemos dado. Si me preguntan si yo lo haría, la verdad es que me entran muchas dudas porque entran en juego la ética, el dinero y los sentimientos. Por una parte, entiendo que para una pareja estéril esto es su última esperanza para formar una familia, y participar en algo así es un acto de generosidad increíble. Ayudar a alguien a cumplir su sueño de ser padre es algo que, visto así, parece muy noble.

Sin embargo, el concepto de "vender" o comercializar con el propio cuerpo me genera mucho rechazo. No es como un trabajo cualquiera; es poner tu salud y tu capacidad biológica a disposición de un contrato. Me pregunto si realmente somos libres de decidir cuando hay dinero de por medio, o si se acaba convirtiendo en una forma de explotación. Además, está el tema del vínculo emocional. Nueve meses de embarazo no son solo cambios físicos; se crea una conexión con el bebé que no sé si se puede romper de golpe en el paritorio sin que te afecte psicológicamente para siempre.

En conclusión, aunque entiendo perfectamente la necesidad de esas parejas, creo que es un proceso que va mucho más allá de una transacción económica. Entregar a un recién nacido sabiendo que lleva tu carga genética es una decisión de una responsabilidad inmensa. Personalmente, me parece una situación muy arriesgada porque el cuerpo humano no debería tratarse como una mercancía, y las consecuencias emocionales de "desconectarse" de un hijo para dárselo a otros son algo que nadie te puede asegurar que vayas a superar fácilmente


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