No, no tengo la intención de alquilar mi vientre como madre ya que entiendo que ser madre es algo que está más allá de un contrato, no se trata solo de la gestación, es una implicación institucional que se origina mucho antes del nacimiento. Por otro lado, porque no podría dejar de pensar que el hecho de tratar de separar el cuerpo del corazón me referiría a algo frío y doloroso, un sufrimiento derivado del hecho de que mi cuerpo se convertía en un medio para un fin ajeno. Existen decisiones que abarcan mucho más que lo físico, y esta es una de ellas.
No, tampoco lo haría porque estoy convencida de que el hecho de sostener un bebé en el vientre durante meses y entregarlo no es una cosa fácil, no es un proceso sencillo. Creo, también, que faltaría el macro-texto de las emociones, que podría generar vacíos difícilmente eventualizables. También quiero pensar si es posible efectivamente separar cuerpo de mente en una experiencia como esa, en una experiencia absolutamente fortificada por la obligación, por contrato, por el sistema de compra-venta, ya que los sentimientos no entienden de contratos.
Por último, sostengo que hay importantes consideraciones de naturaleza ética que me llevan a ir en contra de esta hipotetización. Me angustia la posibilidad de que este tipo de prácticas haga de la maternidad algo sujeto a comercialización. Pero, además, pienso en a la desigualdad que puede llegar a haber, por ejemplo, la de quienes pueden verse arrastrados por las proximalidades de la necesidad económica, es decir, por ser en parte el resultado del mercado. Yo prefiero abogar por una concepción más humana, menos mercantil.net de la corporeidad. Para mí hay linderos que no deberían vulnerarse en ningún caso, y éste es uno de esos linderos.
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