Mi compañero Andoni, buen amigo desde la infancia y persona con la que tengo una relación de amistad enorme, se ha comportado de forma extraña durante las últimas semanas. Normalmente es una persona risueña, bromista y positiva. Sin embargo ya apenas habla, ríe o se divierte en clase. Se ha transformado en alguien sumamente introvertido y asocial, lo cual no encaja con su carácter habitual. Alarmado por la situación, me acerqué a él en busca de respuestas. Quería saber por qué había cambiado tanto de la noche a la mañana. Lo que me contó en aquel momento me dejó sin palabras.
Andoni estaba atravesando una situación delicada en casa. La relación con sus padres, los cuales no se soportaban ente ellos, se deterioraba por momentos. El despertador ya no se encargaba de que se levantase para ir al colegio, pues las discusiones y reprimendas que se producían a diario habían tomado ese papel desde hace semanas. En las cenas ya no se hablaba de los estudios ni las vacaciones, sino que se mantenía un silencio incómodo y lleno de incertidumbre que solo se rompía cuando alguien decidía comenzar otra disputa, por ridícula que fuese. El padre de Andoni, frustrado por su desgraciada situación laboral, lo pagaba con su hijo cada vez que se lo cruzaba por el pasillo. Su madre, por otro lado, acudía al psicólogo con frecuencia, incapaz de soportar la actitud de su marido. Todo esto repercutía inevitablemente en las calificaciones de Andoni, lo cual daba paso a nuevos conflictos en casa.
Tras contarme todo esto, compartió conmigo su plan de fuga. Un billete de autobús a Valencia, eso es todo lo que necesitaba, según él. Desde el primer momento me pareció un completo disparate. Aventurarse a algo así siendo tan joven, sin apenas recursos era como exponerse al desierto sin una mísera gota de agua. Debía tomar cartas en el asunto si no quería que mi amigo llevase a cabo esa idea de bombero que tenía en la cabeza. A sabiendas de que tener un diálogo con los padres de Andoni resultaría un rotundo fracaso, acudí a la directiva del colegio, con la esperanza de que hiciesen caso al testimonio de Andoni y actuasen en consecuencia.
Tras ello, el centro se puso en contacto con los padres de Andoni y les hizo saber el infierno por el que su hijo estaba pasando. La reacción de los padres fue una mezcla de tristeza y culpa. Gracias a ello, la situación familiar de Andoni sanó poco a poco y aquel chaval al que conocí hace años volvió a reír y a disfrutar en clase, arropado por sus amigos.
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