blog VII
La afirmación de que es preferible vivir en una situación de pobreza en España antes que ejercer como profesional cualificado en Cuba se sustenta en una diferencia fundamental de estructuras: el acceso a bienes básicos, la libertad de movimiento y el poder adquisitivo real. Mientras que en España la pobreza está amortiguada por una red de servicios públicos y ayudas sociales, en Cuba la formación académica no garantiza una salida de la precariedad económica, creando lo que muchos economistas llaman la pirámide invertida.
En primer lugar, el poder adquisitivo y el abastecimiento marcan una brecha insalvable. En España, una persona que percibe el Ingreso Mínimo Vital o ayudas por desempleo tiene acceso a un mercado de bienes diverso donde, a pesar de las dificultades, los productos básicos están disponibles. En cambio, un médico, ingeniero o profesor en Cuba percibe un salario estatal que, debido a la inflación y la escasez, a menudo no cubre las necesidades calóricas básicas o el acceso a productos de higiene. Esta distorsión hace que, en términos de consumo real, el umbral de pobreza español ofrezca una mayor seguridad alimentaria y material que el éxito profesional en la isla.
En segundo lugar, el acceso a los servicios públicos gratuitos en España actúa como un igualador social. Una persona con escasos recursos en el sistema español cuenta con una infraestructura sanitaria de alta tecnología y un sistema educativo que permite el ascenso social. Aunque Cuba es conocida por su formación profesional, la falta de insumos médicos, fármacos y recursos en las escuelas ha deteriorado la calidad de vida de sus propios profesionales, quienes se ven atrapados en un sistema donde su conocimiento no se traduce en una mejora de sus condiciones de vida o de las de su familia.
Finalmente, está el factor de la libertad y el proyecto de vida. Ser pobre en un sistema democrático permite la libertad de expresión, de asociación y, sobre todo, de movimiento. Un profesional cubano enfrenta severas restricciones para viajar o ejercer su profesión de manera independiente, y a menudo sufre una vigilancia política que no existe para un ciudadano español. La capacidad de buscar nuevas oportunidades, de emprender o simplemente de cambiar de residencia sin permiso estatal es un valor intangible que inclina la balanza.
En conclusión, la comparación no se basa únicamente en la cantidad de dinero, sino en la estabilidad del entorno. El sistema español ofrece una red de seguridad que protege la dignidad mínima del individuo, mientras que el sistema cubano actual ha llevado a sus profesionales a una asfixia económica donde el mérito académico ha perdido su función de motor de bienestar. Por ello, la seguridad de los servicios básicos y las libertades individuales hacen que la pobreza en un contexto de desarrollo sea, paradójicamente, menos limitante que la profesionalidad en un sistema en crisis profunda.
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