Cuando un amigo te confía y te dice algo privado como irse de casa o que vive en una situación familiar complicada, es normal sentirse mal o preocupado, o tener la necesidad de ayudar. Aun así, es importante entender que, como menores de edad, no podemos asumir solos la responsabilidad de algo que puede poner en riesgo a otra persona. Escuchar con atención es necesario, pero también lo es entender que no tenemos las herramientas necesarias para intervenir por nuestra propia cuenta.
En situaciones como esas lo más sensato es acudir a un adulto de confianza, que pueda actuar acorde a las situaciones delicadas como esas: como un tutor, un orientador o cualquier persona preparada para manejar casos delicados. Compartir esa información personal, no significa traicionar a un amigo, sino asegurar que reciba la ayuda necesaria y adecuada para mantener su bienestar. Aunque eso al principio pueda generar desconfianza, enfado o incomodidad, proteger su bienestar es lo primero, y eso tiene que estar por encima del temor que podamos llegar a tener debido a su reacción.
Pedir ayuda no te aleja de tu papel como amigo, sino al contrario, eso demuestra madurez y preocupación hacia el. Cargar con algo tan serio como estos temas, es algo tan serio que, mantenerlo en silencio no ayudara a nadie. Involucrar a los adultos adecuados para este tipo de situaciones es lo correcto, y es una forma de demostrar lo responsables que podemos llegar a ser al contarlo, y así acompañar a nuestro amigo sin perder de vista nuestra seguridad y nuestros limites en ello.
Al final lo esencial es entender que no tienes que cargar con algo así tu solo. Pedir ayuda a un adulto es la manera más segura de mantener a un amigo a salvo, sin tener que exponer tu propia seguridad. Buscar apoyo no resta la amistad, si no que en momentos como esos, estar allí para apoyarlo es la manera más correcta de demostrarle lo mucho que lo aprecias.
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