domingo, 14 de diciembre de 2025

Blog VIII - Sofía Espinosa Latorre

Cuando Andoni me dijo lo que le ocurría en casa y cuál iba a ser su resolución al respecto, sentí miedo. Se me dejó en bandeja una situación delicada de la cual podría hacer algo al respecto e incluso evitarles disgustos a muchas personas.

Al principio, sabiendo que Andoni era una persona exagerada a la hora de meditar o llegar a la conclusión de muchas cosas, pensé que lo más maduro sería decirlo todo. De todas formas, decidí no precipitarme desde un principio. 

Mirándolo todo desde cierta perspectiva, llegué a la conclusión que nadie (por muy fuera de sus cabales que esté) toma una decisión tan arriesgada. ¿Quién soy yo para negar la situación por la que está pasando alguien?. Al mismo tiempo, me asaltaba la duda de si contarlo todo podría ponerle en un peligro aún mayor. Andoni puede ser exagerado, pero tiene una edad en la que puede razonar que sus acciones pueden llevarle a situaciones que no desea. Entender eso me hizo ver que escucharle y creerle no significaba dejarle marchar sin más, sino acompañarle buscando una solución segura. 

Decidí que volver a hablar con él sobre ello era lo más sensato, entender su situación aún más podría ayudarme a ser más objetiva sobre lo que estaba pasando.

Finalmente, después de escuchar su historia con la mente fría y entender que pretendía hacer cuando estuviese en Valencia, le aconsejé que esperase al menos a ser mayor de edad, y le avisé sobre qué le podría pasar si decidiese ir él solo a un lugar completamente desconocido. A pesar de ello, decidió irse, y por lo que tengo entendido (3 años después) es que está mejor que nunca. 

A veces, no nos podemos basar solo en la percepción que tenemos sobre alguien, porque desde fuera nunca vemos toda la historia. Las personas no siempre muestran lo el verdadero peso de lo que están viviendo, y nuestros prejuicios pueden llevarnos a minimizar su dolor. Entender esto hizo que me dejase de centrar en sí Andoni exageraba o no, y así pude entender que estaba pidiendo ayuda a su manera. Y quizá esa es la única forma de no fallarle a quien confía en nosotros.


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