domingo, 18 de enero de 2026

Jon Cid Blog X

Cuando era pequeño y en las noticias de la televisión veía imágenes de los encierros de San Fermín, me preguntaba qué atractivo podía tener ser perseguido por un animal enloquecido. Los toros acometiendo contra una enorme multitud de personas vestidas de blanco con pañuelos y adornos de color rojo, varios resultando heridos… Sin duda esto de los encierros es algo que nunca he podido comprender. A veces hago un esfuerzo mental por encontrar alguna explicación lo suficientemente razonable. La adrenalina que se siente en ese momento, la satisfacción que produce escapar con éxito, o incluso la importancia que puede tener a nivel cultural para algunas personas.

Respecto a posicionarme a favor o en contra, no lo tengo demasiado claro. En lo personal nunca me han interesado este tipo de actividades y mi vida no cambiaría en nada si dejasen de existir. Aunque tampoco es que haya desarrollado un sentimiento de rechazo hacia ello, y por tanto nunca lo he criticado como tal. Sin embargo, este es un tema que da para tener un debate extenso. Podríamos hablar del sufrimiento de los animales, del gran peligro que suponen estas actividades o de la moralidad de los actos que se llevan a cabo. Sin embargo, yo tengo claro cuál es el factor más determinante de todos. Y es que la ética y la humanidad están muy bien, pero tristemente, mientras la industria de la tauromaquia genere dinero, seguirá siendo un negocio llamativo para incontables empresas y para los gobiernos. 

Me gusta equiparar este debate al del tabaco, pues es un producto controversial con múltiples desventajas que se sigue vendiendo en cada esquina. En los paquetes siguen poniendo la pegatina de “ Cuidado, fumar mata”, pero se encargan de que no te falte la máquina de tabaco en ningún bar y además de eso siguen subiendo el precio al consumidor, sabiendo que por puro enganche seguirá pasando por el aro. Sí, extremadamente nocivo para la salud, pero como da pasta… 

En definitiva, las corridas de toros y los encierros pueden parecernos actividades poco éticas, las cuales llevan a cabo actos atroces y carentes de lógica, pero como todo en esta vida es un negocio más. Y aunque te suelten el rollo de la cultura y la tradición cada vez que hables sobre esto, no es más que una tapadera para decirte: Eliminar la tauromaquia, no interesa.


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