domingo, 18 de enero de 2026

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No tiene sentido seguir con los encierros, los toros de cuerda ni las corridas de toros. Todo se resume en una cosa: torturar y matar a un animal delante de la gente. Y en mi opinión, eso ya no se puede seguir viendo como algo normal en pleno siglo XXI.

El toro lo pasa fatal: le clavan puyas y banderillas, lo hacen correr hasta cansarse, le sacan sangre y al final le meten una espada, que con suerte lo mate al momento, porque muchas veces sufren hasta terminar muriendo.

En los encierros y en los pueblos los persiguen por las calles, los acorralan, los asustan, les tiran cosas y a veces hasta le dan golpes. 

La excusa de decir que “es tradición” o “cultura” no lo hace algo bueno. Antes también era tradición quemar gente, cortar cabezas en público  y todo eso se prohibió cuando la gente empezó a tener más corazón. Pero claro, en esas ocasiones los que sufrían eran personas, no animales. 

Cada vez menos jóvenes quieren ir a las plazas para ver a los animales sufrir, y la mayoría de los que van es porque desde pequeños han ido y se lo han inculcado en casa.


Seguir defendiendo estas cosas solo alarga lo que va a acabar pasando: que se acaben.

Lo más lógico es parar todo de una vez: ni corridas, ni encierros, ni nada que haga sufrir a los animales.

Cualquier otra cosa son solo excusas para seguir mirando cómo sufre un animal. El arte es algo que se disfruta, y estoy segura de que los toros no lo hacen.


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