sábado, 10 de enero de 2026

Jon Cid Blog IX

 Lo primero que hice al ver a mi hermana al fondo de la fotografía, fue cerciorarme de que el hombre que la acompañaba y estaba manteniendo un acercamiento con ella era mi mejor amigo, su pareja desde hace tres años. Tras ampliar la imagen todo lo que pude e inspeccionar al chico varias veces, llegué a la conclusión de que se trataba de otra persona, de cabello rubio y algo más bajo que mi amigo. Sabía que mi hermana se había marchado de excursión a Gaztelugatxe hace cuatro días, porque ella misma me lo hizo saber. También me dejó claro que iría sola, sin su novio. Sin pensármelo dos veces, salí de mi habitación para buscarla.

La discusión fue larga e intensa. Según ella, no me mintió en ningún momento. Aquel chico que aparecía en la fotografía era otro excursionista que conoció en el bus, de camino a Gaztelugatxe. Hicieron tan buenas migas que ambos tomaron la decisión de pasar el día juntos, visitando el lugar y comiendo algo antes de despedirse. Yo recriminé la desmedida confianza que parecía mantener con el chico en la imagen, la cual daba lugar a pensar que podrían ser pareja. Ella trató de defenderse por todos los medios, asegurando que no significaba nada. Decidí dejarla tranquila, pero mis sospechas no hicieron más que incrementarse.

Revisando la imagen de nuevo, reconocí la sonrisa de mi hermana. La conocía perfectamente. La misma que hace tres años, cuando comenzó a salir con mi mejor amigo. Fue la prueba que necesitaba para aclarar mis dudas. Llamé a mi amigo, quien me cogió el teléfono al momento. Ya había visto la foto, y estaba de los nervios. Intenté calmarlo, pues si hablase con mi hermana en ese estado, no habría atendido a razones. Le aconsejé que se calmase y hablase con ella en persona, una vez que tuviese la cabeza lo suficiente ordenada para mantener una conversación pacífica desde el entendimiento. Si bien la fotografía no era demasiado esperanzadora, tampoco destacaba por ser explícita. 

Al día siguiente los dos hablaron largo y tendido. Al parecer, por lo que los dos me contaron, todo quedó en un malentendido y no dieron más cuerda al asunto. Mi hermana le aseguró que no había mantenido el contacto con aquel chico desde aquel día en Gaztelugatxe, y mi amigo decidió creerla. A pesar de todo, y al contrario de lo que ellos afirmaban, la relación nunca volvió a ser la misma. Las discusiones se volvían más frecuentes y la inseguridad los consumía por dentro. Cada día que pasa, noto en la mirada de mi hermana como la chispa de su amor se apaga sin remedio, pregonando el final de esta historia.

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