sábado, 11 de abril de 2026

Blog XVII - Javier Goñi

 Blog XVII


Si tuviera la responsabilidad de criar a un hijo, tengo muy claro que no me dedicaría a revisar sus cosas en secreto ni a perseguir cada paso que da en las redes sociales. Entiendo perfectamente que la base de cualquier relación sana es la confianza, y no el miedo a ser descubierto por un "policía" dentro de su propia casa.

Claro que me daría miedo que se encuentre con gente mala o con contenidos que no sabe manejar, pero si le corto el internet o le espío el Facebook, solo voy a lograr que aprenda a mentirme mejor. Seguramente terminaría usando cuentas secretas que yo no podría ver, y eso es mucho más peligroso que dejar que explore con libertad, pero con cabeza.

Pienso que la privacidad es algo sagrado que todos necesitamos para descubrir quiénes somos. Si yo rompo esa barrera, estoy destruyendo el puente de comunicación que debería haber entre nosotros. Prefiero mil veces sentarme a explicarle por qué hay gente que no es lo que parece, en lugar de ponerle un candado a la pantalla y esperar que eso lo solucione todo mágicamente.

Al final, mi meta sería que mi hijo aprenda a cuidarse solo, porque yo no voy a estar ahí para vigilarlo toda la vida. Si lo acostumbro a que yo soy el que siempre decide qué es peligroso y qué no, cuando salga al mundo real estará totalmente indefenso frente a los problemas.

Prefiero ser esa persona a la que puede acudir cuando se sienta confundido o cuando alguien le escriba algo raro, en lugar de ser alguien a quien tiene que ocultarle todo por miedo a un castigo. La verdadera seguridad no viene de prohibir, sino de saber qué hacer cuando las cosas se ponen feas, y eso solo se consigue hablando y no espiando de forma oculta.

Jon Cid Blog XVII

Internet es una herramienta indispensable para la búsqueda de información y por consiguiente, para ampliar nuestro conocimiento sobre cualquier ámbito. Sin embargo, utilizarlo tiene unos riesgos de por medio, y para el público infantil puede actuar como enlace hacia cierto tipo de contenidos que no deberían ver a esas edades bajo ningún concepto. Definitivamente, en caso de ser padre, me encargaría de que no pudiesen tener acceso a algunas plataformas o contenidos, al menos hasta que fuesen algo más mayores.

Ahora me gustaría matizar lo que acabo de decir. Sí que me gustaría poder estipular una cantidad máxima de horas por día delante del móvil, imposibilitar el acceso a ciertos enlaces, búsquedas, páginas... En resumen, todo lo posible por asegurarme de que estén protegidos frente a los peligros que uno puede encontrarse por Internet, incluso sin querer. Lo que nunca haría es colocar un localizador que me indique en todo momento la posición exacta de mis hijos. En ocasiones puede ser de gran ayuda, por si el móvil se pierde o no eres capaz de contactar con ellos, pero creo que al final acaba atentando contra su privacidad, y considero que merecen ser autónomos y no estar constantemente vigilados.

Cuando nosotros éramos más pequeños, no se nos advertía sobre los peligros de Internet como se hace ahora, y en consecuencia, muchos acabamos viendo cosas para las que no estábamos preparados aún. De todas formas, nos tocó tragar y aprender antes de tiempo, y aquí estamos. El que vio su primer vídeo porno a los 10 años, o el que no pudo conciliar el sueño después de ver las imágenes de una guerra, unas imágenes que no reflejaban lo que había visto en películas de acción. No me gustaría que mis hijos pasasen por lo mismo, pero si por algún casual llegase a ocurrir, tampoco sería el fin del mundo. 

Por lo que, aunque en un principio tendría mucho cuidado para que mis hijos se mantuviesen alejados de contenidos para adultos, tampoco trataría de que no supiesen de la existencia de estos. En mi opinión, alcanzada cierta edad les haría ver lo que se pueden topar en este Internet que, igual que nos aporta, nos arrebata.